poemas de John Burnside

John Burnside (Dumeferline, Escocia, 1955) ha publicado cinco novelas, un volumen de memorias (A Lie About My Father) y nueve libros de poesía, entre los que destacan Common Knowledge (1991), Feast Days (1992), The Myth of the Twin (19914), Swimming in the Flood, (1995), The Asylum Dance (2000), con el que obtuvo el Whitbread Poetry Award, The Good Neighbour (2005) y la antología Select Poems (2006), todos ellos en la editorial Jonathan Cape. La editorial Pre-Textos presentará una antología de su poesía.

Traducción de Jordi Doce

textos cedidos por el autor a fogonero emergente



(From “An essay on narrative”, I)

We came so far, then stopped to see ourselves:
this minor gold, that memory of light,
angels and birds in the trees, like an early painting;

and though we were careful,
we knew it would happen again,

the life we forgot in the dying
stuck in its groove
and repeating, all shuffle an click

and words that have passed beyond sense,
like a 50s pop song.

Meanwhile, eternity waits: all the shadows and glints
we might have seen, the facts we might have witnessed,
lemongrass, godwit, the weather in Rome, or Calcutta,

and, elsewhere in that sprawl of light ant time,
the strangers, in their hats and winter coats.
coming indoors to a childhood that nothing can finish:

wind in an upstairs room, or the nine o’clock ferry
crossing from here to the there in a slow trail of clouds,

and, somewhere below, where the people arrive or diminish,
an evensong of steam and radio
played to a crop of freshly-labelled jars.



(De “Un ensayo sobre narrativa”,I)

Llegamos tan lejos, luego nos detuvimos para vernos:
este oro menor, esa memoria de la luz,
ángeles y pájaros en los árboles como en un cuadro primitivo;

y, aunque fuimos cuidadosos,
sabíamos que volvería a suceder,

la vida que olvidamos al morir
en el surco rayado
y repitiéndose, todo giro y chasquido

y palabras que ya no dicen nada,
igual que una canción de los cincuenta.

Entretanto, la eternidad aguarda: todas las sombras y destellos
que habríamos podido ver, hechos de los que habríamos podido ser testigos,
agachadiza, limoncillo, el clima en Roma o en Calcuta,

y, más allá, en la extensión de luz y tiempo,
los extraños con sus abrigos de lana y sus sombreros,
pasando adentro a una niñez que nada puede cancelar:

el viento en el piso de arriba, o el ferry de las nueve en punto
cruzando de aquí a allá en una lenta estela de nubes,

y abajo, en algún sitio, donde la gente llega o disminuye,
vísperas de radio y vapor
ante una cosecha de botes recién etiquetados.

*** *** ***

Like me, you sometimes waken
early in de dark
thinking have driven miles
thinking inward country,

feeling around you still
the streaming trees and startled waterfowl
and summered cattle
swinging through your headlamps.

Sometimes you linger days
upon word,
a single, uncontaminated drop
of sound; for days

it trembles, liquid to the mind
then falls:
mere denotation.
dimming in the undertow of language

(Common Knowledge, 1991)

Como yo
, a veces despiertas
temprano, en la penumbra,
convencido de haber conducido durante horas
tierra adentro,

sintiendo aún en torno a ti,
bailando ante los faros,
los árboles que fluyen, las aves sobresaltadas
y el ganado que veranea al aire.

A veces, te demoras durante días
en una palabra,
una sola gota incontaminada
de sonido; durante días

tiembla, líquida al tacto de la mente,
luego cae:
mera denotación, desvaneciéndose
en el reflujo del lenguaje.

(Conocimiento común, 1991)


Están sobre la pátina
de las cosas.
Jorge Guillén

I dream of the silence
the day before Adam came
to name the animals,

the gold skins newly dropped
from God’s bright fingers, still
implicit with the light.

A day like this, perhaps:
a winter whiteness
haunting the creation,

as we are sometimes
haunted by the space
we fill, or by the forms

we might have known
before the names,
before the gloss of things

(Feast Days, 1992)


Sueño con el silencio
del día anterior a que Adán
diera nombre a las bestias,

desprendidas sus pieles de oro
de los dedos de los brillantes de Dios,
contenidas aún en esa luz.

Un día, tal vez, como éste:
su blancura invernal
cautivando la creación

como a nosotros, a veces,
nos cautiva el espacio
que llenamos, o las formas

que habríamos podido conocer
antes de los nombres, más allá
de la pátina de las cosas.

(Días festivos, 1992)


I have peeled the bark from the free
to smell its ghost,
and walked the boundaries of ice and bone
where the parish returns to itself
in a flurry of snow;

I have learned to observe the winters:
the apples that fall for days
in abandoned yards,
the fernwork of ice an water
sealing me up with the dead
in misted rooms

as I come to define my place:
barn owls hunting in pairs along the hedge,
the smell of frost on the linen, the smell f leaves
and the whiteness that breeds in the flaked
leaf mould, like the first elusive threads
of unmade souls.

The village is over there, in a pool of bells,
and beyond that nothing,
or only the other versions of myself,
familiar and strange, and swaddled in their time
as I am, standing out beneath the moon
or stooping to clutch of twigs and straw
to breathe a little life into fire.

(The Myth of Twin, 1994)


He arrancado la corteza del árbol
para oler el fantasma,
y caminando hasta las lindes de hielo y hueso
donde el condado se vuelve hacia sí mismo
en ráfagas de nieve;

He aprendido a observar los inviernos:
las manzanas que caen durante días
en patios descuidados,
los diseños de helecho con que el agua y el hielo
me sellan con los muertos
en cuartos neblinosos

al tiempo que defino mi lugar:
lechuzas de granero que cazan en pareja a lo largo del seto,
el olor de la escarcha en la colada, el olor de las hojas
y la blancura del moho propagándose
en la hoja escamosa, como los hilos esquivos e incipientes
de las almas informes.

El pueblo queda a un lado, sobre un estanque de campánulas,
y más allá no hay nada,
o sólo otras versiones de mi mismo,
familiares y extrañas, y envueltas en su tiempo
igual que yo lo estoy, de pie bajo la luna
o inclinándome ante un manojo de ramas y paja
para insuflar una pequeña vida al fuego.

(El mito del gemelo, 1994)


Someone is still awake
in the night of my grandfather’s house
with its curtains and potted palms
and its books full of beech leaves
pressed so the colours would stay,

and someone is having the dream
I had for weeks: out walking on the beach
I lifted a pebble and split it
open, like an apricot, to find
a live child hatched in de stone;

like radio, the whisper of the tide,
the feel of a pulse in the dark, when I stay all night
and answers come, single and clear, like the calling of birds,
or the pull of the sea, when the moon sails high in the clouds
and I pick out the shapes on its surface: a handprint, an iris.

(The Myth of Twin, 1994)


Alguien sigue despierto
en la noche del piso de mi abuelo
con sus cortinas y macetas
y sus libros repletos de hojas de haya
prensadas para que el color perviva,

y alguien está soñando el sueño
que me duró semanas: vagando por la playa
tomé un guijarro y lo partí en dos,
como un albaricoque,
para encontrarme un niño vivo
incubado en la piedra;

como la radio, el murmullo del agua,
la sensación de un golpe en la negrura,
cuando paso la noche en vela
y llegan las respuestas, simples, nítidas, como el llamado de las aves
o la atracción del mar, cuando la luna se alza entre las nubes
y advierto los contornos de su piel: la huella de una mano, un iris.

(El mito del gemelo, 1994)


Everything would vanish in the snow,
fox bones and knuckles of coal
and dolls left out in the gardens,
red-mouthed and nude.

We shovelled and swept the paths,
but they melted away in the night
and the cars stood buried and dumb
on Fulford Road.

We might as well be lost, she said;
but I felt the neighbours dreaming in the dark,
and saw them wrapped in overcoats and scarves
on Sundays: careful, narrow-footed souls,
become the creatures of a sudden light,
amazed at how mysterious they were.

(The Myth of Twin, 1994)


Todo se desvanecía en la nieve,
nudillos de carbón y huesos de zorro
y muñecas abandonadas en los jardines,
con labios encarnados y desnudas.

Sacábamos las palas para limpiar las calles,
pero al llegar la noche volvían a esfumarse
y los coches yacían enterrados y mudos
en Fulford Road.

Como si nos hubiéramos perdido, decía ella;
mas yo sentía a los vecinos soñando en la negrura,
y los veía envueltos en bufandas y abrigos
los domingos: almas prudentes, de pies estrechos,
convertidas en vástagos de una luz repentina,
asombradas de verse tan misteriosas.

(El mito del gemelo, 1994)


Somewhere along this street, unknown to me,
behind a maze of apple trees and stars,
he rises in the small hours, finds a book
and settles at a window or a desk
to see the morning in, alone for once,
unnamed, unburdened, happy in himself.

I don’t know who he is; I’ve never met him
walking to the fish-house, or the bank,
and yet I think of him, on nights like these,
walking alone in my own house, my other neighbours
quiet in their beds, like drowsing flies.

He watches what I watch, tastes what I taste:
on winter nights, the snow; in summer, sky.
He listens for the bird lines in the clouds
and, like that ghost companion in the old
explorers’ tales, that phantom in the sleet,
fifth in a party of four, he’s not quite there,
but not quite inexistent, nonetheless;

and where he lays his book down, checks the hour
and fills a kettle, something hooded stops,
as cell by cell, a heartbeat at time,
my one good neighbour sets himself aside,
and alters into someone I have known:
a passing stranger on the road to grief,
husband and fathers; rich man; poor man; thief.

(The Good Neighbour, 2005)


En esta misma calle, ignorado por mí,
detrás de un laberinto de manzanos y estrellas,
se levanta de buena mañana, toma un libro
y se acomoda en el alféizar o ante una mesa
para atender el alba, solo por una vez,
anónimo, sin cargas, feliz consigo mismo.

No sé quién es; jamás me lo he encontrado
en la pescadería o en la cola del banco,
y aún así pienso en él, en noches semejantes,
despertando en mi casa a solas, y en mis otros vecinos
en sus camas igual que moscas soñolientas.

Observa lo que observo, prueba lo que yo pruebo:
las noches de invierno, la nieve; en verano, el cielo.
Escucha entre las nubes las líneas de los pájaros
y, como ese fantasma que aparece en los viejos
relatos de viajeros, ese espectro en el hielo, el quinto
en un grupo de cuatro, no está del todo ahí,
y sin embargo no es del todo inexistente;

y cuando deja el libro a un lado, mira la hora
y llena la tetera, algo encapuchado se para,
mientras célula a célula, un latido por vez,
mi buen vecino se hace a un lado
y se transforma en alguien a quien he conocido:
un extraño que pasa rumbo a la tristeza,
esposo y padre; hombre rico; pobre; ladrón.

(El buen vecino, 2005)