Francisco Morán, poemas


Desde 1998 Francisco Morán dirige la revista de literatura La Habana Elegante.

En Cacharro(s) publicamos, en los tres primeros números, Flores de éter” o la nacionalidad etér(eo)-sexual de Julián del Casal, Capítulo V de Guardarropías del deseo: los escondites del modernismo. Tesis Doctoral defendida el 8 de noviembre de 2002, en la Universidad de Georgetown. Tutores: Verónica Salles-Reese y Horacio Legrás. Segundos lectores: Jorge Olivares, Ben A. Heller y José Quiroga.

En algún momento esperamos reeditar dicho texto en fogonero emergente


Colón frente a las costas de Cuba

(naturalmente)

No cupo a Mandeville ni a Marco Polo
contemplar el encono del prodigio,
ni entablar con el sueño tal litigio
frente al ojo de Dios, ¡y estar tan solo!

No me dejan dormir la noche bella, [1]
ni los cuerpos desnudos, tan fermosos,
al pasar como el agua, temblorosos
por el sueño fugaz de alguna estrella.

Se ha cumplido mi propia profecía.
Me inclino frente al tiempo revelado.
Mi delirio cae sobre la gruta

Del mar. El Diario inicia la agonía
de vivir en los bordes del gastado
Paraíso del verso y la cicuta.



[1]Diario de Campaña, José Martí.


Habanámar, Habanámar

para antonio j. ponte

Habanámar, Habanámar,
conozco tu lejanía.
Abrasada al sol naciste
como la estrella más fría,
guarnecida de destierro
tu ermitaña lozanía.
¡Ciudad apenas nombrada,
ya entrevista maravilla!
Zequeira te está diciendo
desde el temblor de la piña:
«Yo recorrí tus murallas,
y también tu villanía,
y en tus calles fui leyendo
los versos que se perdían,
(tus despoblados tesoros
perseguidos por la brisa.)»
Mas yo prefiero Habanámar
tu aquesa descortesía,

y tu loca giraldilla,
y ese terrible escozor
que es tu muralla cautiva.
¡Ay de mí!, que me abrigaba
el rumor de tu desdicha
-- palor de luna crecida --,
¿por que inventé tu valía
para que acosen mi oído
las mesnadas de tus días?


Sinfonía de los Adioses

Los músicos comienzan a marcharse
------uno a uno.
Se retiran en silencio,
sin dejar atrás una sola marca de nostalgia,
o de arrepentimiento.
La sala, iluminada todavía
por candelabros y manjares,
se va vaciando de su propia música.
Las partituras permanecen en su sitio,
pero el pentagrama se ha vuelto ya ilegible,
y desquicia las maletas,
la rosa de los vientos de los viajeros.
El clavicordio se enfrenta a su deterioro
-------------------------sin un quejido.
Como a una fruta desterrada del paraíso,
le están vedados el sabor de las especias,
las bodegas de los barcos.
Las crines de la noche se recojen en un pañuelo
macerado por el sudor de los atriles más profundos.
Y en el paisaje lunar de la muerte
resuenan pasos ajenos,
olorosos a rosas desdentadas
que requiebran los pavorreales de la destrucción.
Hagamos nuestras propias conjeturas
sobre el regazo carcomido de la madre,
--------------y, entre espasmos,
acariciemos el borrón inflamado, intraducible,
---------------------------de ciertas palabras.
El gusano de la sangre – no hay que olvidarlo –

tiene un excelente oído para la música.


Poética del verdugo

El filo de la espada debe separar,
de un sólo golpe,
la cabeza del cuello.
La cabeza, desatornillada,
saltará como una pelota frenética
-------------------en el cesto.

El trabajo de cercenar cabezas
requiere pericia, alma de artista,
total desapego,
y una limpieza absoluta.

No hay que notar
la luz que besa la nuca
y la hace esplender
cuando las ejecuciones
tienen lugar en el crepúsculo.

Mientras el criminal asciende por las gradas,
te aconsejo volver la vista a la hoja de acero.
Comprueba que está lista para el tajo.
No olvides que es éste
uno de los trabajos más envidiados del reino,
que una simple desviación en el ángulo del corte
puede significar la vergonzosa descalificación
que te privará de cortar tantas cabezas
como están por venir.

Sería una debilidad imperdonable
mirar a través del camisón rasgado,
dejarse sonsacar por la perfección del pecho,
imaginar – siquiera por un instante –
la gloria de ser decapitado por su cuchilla,
suspendida sobre tu cabeza como una revelación.

Imagina que el verdugo eres tú.
Que esa cabeza lavada por los dioses
te recuerde el peligro de mirar al jabalí
que va a ser descuartizado.

Cuidado un sobresalto no precipite también la tuya
a la zanja de los que olvidaron el estilo
------------------con que cortar una cabeza

sin astillarse en su laberinto.


Memorias de Adriano

para abilio estévez

Esa mañana desperté con el efímero sabor
---------------------------de la eternidad

en los labios.
Había bajado al pozo de la muerte,
y visto desaparecer por los callejones del ensueño,
al cuerpo más hermoso que pudiera haber imaginado
-------------------------------alguna vez.
¿Cómo eran su piel, sus ojos?
¿De qué color tenía los cabellos?
¿Cuál era su sexo?
No lo sé. Sólo recuerdo
los abismos de la sed, las colinas húmedas,
entreabriéndose en la sombra,
emigrando a los páramos del desasosiego,
y este gusto a concha vaciada de su mar,
a memoria rota.
Inútil consultar los astros,
la sabiduría de Hermógenes.
Todo el desconsuelo del mundo
me ha llenado los ojos de esa forma perdida
que – como la eternidad – está corrompida por el deseo.
Basta desear algo para volverlo ajeno,
distante y extranjero, amargo.
La belleza es siempre ensordecedora,
una espada flamígera que nos vuela los ojos,
y sólo deja tras sí una pierna rota,
un brazo dislocado,
palimpsestos de la ausencia.
He envejecido buscando ese cuerpo
que sólo una vez vi pasar.
Poco me importa la vida eterna,
o la gloria que promete el mármol.
Ni la ovaciones de la multitud,
ni los territorios conquistados
pueden hacerme feliz.
El último de mis esclavos es más feliz que yo,
más libre que yo.
Estoy aherrojado al olvido de una forma
que intenté vaciar en la clepsidra de Antinoo,
en la arenilla de las noches que pasamos juntos.
Ahora sé que su cuerpo era sólo el cenotafio de la belleza,
que al acariciar sus rizos los tornaba en ceniza,
en viviente aniversario, en riqueza perdida,
en arco de triunfo
de todas mis derrotas.