Pródromo de "Almacén de ociosos (lunes de post-revolución)", la columnata de Orlando Luis Pardo Lazo

Damos inicio este fin de semana a la columnata de Orlando Luis (con pródromo, como él gusta llamarle, y primera entrega), que todos los lunes tendrá un espacio fijo en fogonero emergente


Orlando Luis, escritor y fotógrafo. Resiste en La Habana

Almacén de ociosos. Almas zen ociosas. No las que disfrutan del ocio, sino las que lo sobrellevan como tortura y tedio. Disciplina del ocio, oficio del ocio, rutina del ocio, bodrio del ocio, tiranía del ocio social. Ocio odioso.

Al almacén de ociosos van a parar los que sobran, los remanentes, los restos, el debris. Piezas que no encajan porque se quedaron fuera del jueguito de un mapa. Sin escala, directo al almacén de andariveles y demás cacharrería menor. Poética del parche y arte del desastre. Incubadora pornográficamente política de un museíto posproletario que no tiene ya nada en exhibición. Ni tampoco nada que perder, excepto su absoluto Estado de Ociosidad.

Y todavía, en ese golpe de vacío, las muescas clínicas de una escritura: muecas del títere que tirita bajo el demasiado sol tropical.

Y todavía, desde esa campana muda de aburrimiento, el acto de resistir grafomaniacamente a nuestra insultante insulsez insular: ejercicio peripatético contra la desmemoria incivil-colectiva y el displacer anarco-privado.

Sombras de sobras de una debrolución almacenada sin taxidermia ni plusvalía ni la ilusión de una utopía tupida.

Ocio óseo de un oso fósil y fracturado, condenado a la siesta innombrable que es no-ser en este eterno verano.

Ocio de zoocialismo ontológico: el sitio en que tan peor se está.

Ocio de almacenaje: por una clíniteratura limítrofe que delira desde el delito de su deleite.

El almacén de ociosos como telonera imagen e imposibilidad.