Una carta de Ramón Díaz Marzo a Tania Quintero

por petición de su autor, publico esta carta en fogonero emergente

Cartas a Leandro, fragmentos de una novela de Ramón Díaz Marzo

La Habana Vieja

martes, 10 de abril de 2007


Querida Tania Quintero:


Hasta la fecha los periodistas independientes han conformado siete grupos:

1- Los que fueron detenidos, juzgados, y sentenciados, y aún continúan cumpliendo largas condenas en la cárcel.

2- Los que al término de un año obtuvieron licencia médica y fueron puestos en libertad; algunos con la suerte de ser aceptados como refugiados políticos; y otros que permanecen aterrorizados en sus casas, o empeñados en mantener la lucha por la libertad de prensa; sin dejar de mencionar -ahora especulo- los que permanecen infiltrados en las filas del periodismo y nadie sabe quiénes son.

3- Los que se destaparon como agentes de la policía política.

4- Los que tuvieron la suerte o la desgracia de salir al exilio.

5- Los que continuaron su labor.

6- Los que han fallecido.

7- Y alguien como yo que se refugió en su casa a escribir.

Como en esta carta sólo puedo hablarte de mí, intentaré dibujar mi mundo interior de aquellos días y de todos estos años, no sin antes decirte que todo cuanto he sido hasta ahora y seré, te lo debo a ti desde aquel domingo 17 de agosto del año 1997.

En noviembre del 2002 ya estaba agotado de ejercer el periodismo, aunque no hubieran existido los posteriores arrestos masivos. Durante 5 años y 6 meses, con un total de 263 textos y una novela epistolar que escribí con total auto censura, exprimí mi cerebro y escribí (dentro de las reglas del juego) todo cuanto consideré cercano al sentido común sin alinearme a ninguna idea preconcebida. La culpa del agotamiento se la atribuyo al escritor que llevo dentro, quien consideró que ya poseía las herramientas para iniciar un trabajo más serio, y buscó libertad de expresarse renunciando a la esclavitud de las tres cuartillas que impone el periodismo profesional. Porque si hubiera continuado en el periodismo independiente siempre me hubiera encontrado con más posibilidades de caer preso y que mi obra se truncara. Y aunque ahora y siempre esa amenaza es real y se mantiene aunque uno se haya retirado de la circulación, son menos las probabilidades de caer preso o de ser constantemente molestado, lo cual, para escribir, no serían condiciones idóneas.

En ese sentido te puedo asegurar que si yo no estuviera seguro (porque me lo he demostrado a mí mismo durante los últimos 4 años) de que puedo escribir textos que están más allá de un periodismo efímero, hubiera continuado en las filas del periodismo independiente. Pero tengo mucho que escribir sobre mis propias vivencias, las cuales, te comento, son más importantes que el periodismo que hubiera podido componer después de la Primavera Negra; es decir, otros compañeros pudieron e hicieron ese trabajo, pero no escribir los libros que a partir de mis vivencias, y durante estos 4 años, sólo yo he podido hacer. Esto no significa que los demás compañeros no tengan vivencias; que cada cual tenga una historia que contar. Pero son pocos los que se deciden a hacerlo.

De manera que cuando se desató la crisis del 18 de marzo del 2003, yo mismo decidí retirarme del periodismo sin que nadie me presionara o me amenazara. Un par de meses después, cuando la Seguridad del Estado se convenció de que yo no regresaría al periodismo, enviaron un día 20 de mayo al oficial "Jesús" a decirme que si regresaba a las filas del periodismo independiente me ganaría 20 años de prisión. Supongo que esta advertencia la hicieron para aparentar que fueron ellos, y no yo, los que decidieron sacarme de circulación.

Lo que te quiero decir es que si me mantengo escribiendo en mi casa es porque estoy enfrascado en una obra importante. Que cuando se conozca, la mayoría de las personas convendrán conmigo en que no podía continuar posponiendo su redacción.

Desde junio del año 2003, el antiguo consejero cultural de la embajada española, don Ion de la Riva, me ha sostenido económicamente desde España. Este buen amigo me ha demostrado una amistad poco común. Pero si no hubiera sido por ti, Tania, a quien te debo hacer conocido a Jorge Romeo, antiguo consejero político de la embajada española, y quien me sirvió de puente para conocer a Ion de la Riva a quien le debo el poder estar ahora escribiendo mi obra sin mayores contratiempos.

En los meses posteriores a la Primavera Negra y a través de un amigo cubano que se encuentra en España, contacté a Ion quien de inmediato me escribió y me preguntó qué podía hacer por mí. Le dije que dos cosas: ayudarme a salir de Cuba, y ayudarme económicamente. Ion me respondió que lo primero no iba a resultar fácil, pero podía contar con lo segundo. Por esos días le solicité a los norteamericanos el Refugiado Político. Al siguiente año 2004 tuve la primera y segunda entrevista con la Oficina de Intereses. Mi encuentro con los cónsules (dos mujeres) fue un desastre. En la primera entrevista noté que no querían en mis declaraciones oficiales la verdad, sino una mentira o grupo de mentiras que se ajustaran a una política imperial que más tarde he comprendido no está dirigida en especial contra mi persona, sino contra todos los seres humanos de este planeta. Independientemente de que la política en este mundo siempre ha estado plagada de suciedades, lo que la actual administración de la Casa Blanca ha implementado, no sólo contra el gobierno y pueblo de Cuba, sino contra los que supuestamente somos sus aliados, demuestran un total desprecio a la dignidad humana. En el himno norteamericano hay una estrofa que dice "esta es una nación que le abre los brazos a todos aquellos que sean amantes de la libertad". Pues te digo que ese concepto ya no es real en los Estados Unidos. Allí sólo aceptan a los mentirosos, a los que tienen ideas cortas, a los autómatas, a los malos hombres.

A continuación te inserto un pequeñísimo fragmento de uno de mis libros (Catarsis) que trata de mi encuentro con la cónsul que representaba al Departamento de Estado:


A continuación un fragmento de "Catarsis":

Descripción física y psicológica del Cónsul que me negó el Visado.

Tenía el aspecto de un adolescente con problemas hormonales. De color mulato, parecía un niño inmensamente gordo. Cuando lo vi entrar por la mañana, que aparcó el todoterreno, que abrió una puerta corrediza y sobre el asfalto de la calle se desparramó una buena cantidad de comida chatarra, de esa que viene en unas vasijas de plástico desechable y herméticamente cerrada, lo confundí con el repartidor de la merienda de los guardias cubanos de la Embajada. Si en esos momentos me hubieran dicho que aquel muchacho gordo, que al caminar balanceaba los brazos grotescamente como un gorila, era la oficial representación del gobierno de los Estados Unidos, y sería quien decidiría mi destino: me abría horrorizado. Pero uno puede tener un físico detestable y ser una buena persona. En este caso el físico detestable también llegaba de fábrica con un mundo interior detestable. Eso lo supe cuando tuve la oportunidad de platicar con aquel monstruo en persona y comprender que me la estaba viendo con una torpe y estúpida mujer. Tenía la cabeza pequeña como un grano de chícharo, y el resto del cuerpo era una papa rellena. La cabeza estaba rapada a lo macho, y evidentemente era una hija de puta, pues desde que entré comenzó a negar con la cabeza cualquier afirmación de mi parte que demostrara que yo me encontraba en peligro mientras permaneciera dentro de Cuba después de haber militado en la prensa independiente durante 6 años.

Cuando me despedí del grotesco ser me indicaron que regresara al salón de espera. Tuve oportunidad de intimar con la muchacha que habían llamado la primera. Y esta muchacha me había dicho, antes de yo saberlo, que no tenía esperanzas de que le otorgaran el Visado porque le había tocado una Cónsul pelada a lo macho que desde que entró le estuvo restando importancia a los tres años de prisión que ella cumplió en una cárcel para mujeres en Camagüey por pertenecer al grupo de oposición pacífica lidereado por Osvaldo Payá. Incluso, este monstruo disfrazado de Cónsul llegó a decirle a la pobre mujer que los documentos que atestiguaban que ella había pasado tres años encarcelada podían ser falsos. Mientras la muchacha me contaba estas cosas yo no podía imaginar que la Cónsul de quien me hablaba era el muchacho con problemas hormonales que en horas de la mañana yo había visto entrar a la Embajada.

Sobre las doce del día me llamaron. Y en efecto, cuando llegué ante la Cónsul de marras era el muchacho de baja estatura, monstruosamente gordo que en horas tempranas de la mañana había visto descender de un todoterreno. Este monstruoso ser me faltó el respeto todo el tiempo. Me trató como si fuera un enemigo. Y, sólo Dios lo sabe, ya mi destino con los norteamericanos estaba sellado de antemano. El encuentro con el monstruo sólo era una escenificación burocrática para guardar las apariencias.

Desde entonces y de mucho antes, por hechos que no son el momento apropiado para comentar, mi percepción del gobierno norteamericano ha tomado un giro de 180° grados, lo que no significa que mis experiencias como cubano y el conocimiento que tengo sobre el fracaso de la política de la Revolución cubana con relación al cubano de a pie, hayan sufrido la más mínima alteración.

Tengo mucho más que decirte, pero tendría que ser personalmente.

Espero que tu exilio no esté siendo tan doloroso. Yo que te conozco sé que ese ha sido el mayor castigo para ti, cubana al cien por cien y apegada a tu familia; y ojalá hayas encontrado la fuerza necesaria y los recursos para continuar adelante en la vida sin mirar hacia atrás.

Cuídate. Gente buena y honesta como tú hay pocas. Seguro que no has perdido el tiempo y te has puesto a escribir con lo cual tienes el mayor pretexto para continuar viviendo. Si no estás escribiendo comienza de inmediato a trabajar en los momentos libres que puedas tener en una sociedad donde sí hay que trabajar para pagar la renta, el alimento, la ropa, y en algunos casos la salud pública.

Por mi parte mi plan es terminar este año un primer libro que pueda colocar en el mercado internacional. Así es, querida amiga, en el mercado internacional, con lo cual se me podrán presentar oportunidades para que algún mecenas me saque de Cuba que, en mi caso, sí es mi mayor deseo.

Fíjate si lo que estoy escribiendo es fuerte que para una primera publicación tendré que quitar muchas cosas para que el público lector no se asuste. Ni tú misma eres capaz de imaginar lo que he escrito.

Bueno, vieja amiga, hermana demostrada, te beso y te abrazo. Tal vez un día volvamos a encontrarnos.

Ramón.

7:09 a.m.