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Lunes de post-revolución: "Mínimo Gorki", por Orlando Luis Pardo Lazo.

Las fotos publicadas en la columnata Lunes de post-revolución, son de la autoría de Orlando Luis Pardo.

Hacerlo constar en caso de reproducción.



1.


Pongámonos en el lugar del Estado cubano, de su top-nomenklatura. Yo lo hago más o menos cada veinte columnatas de lunes. Resulta un ejercicio mental muy saludable. A fin de cuentas, nadie sabe quién de nosotros será el próximo Abel Prieto o acaso el Neoministro del Interior (o ambos). Es sólo cuestión de no leer desde el absurdo la lógica absoluta de un consenso total.



Bien, pues. Toda vez suspendida nuestra incredulidad, relajemos entonces unos minutos, para que no nos coma por una pata el stress propio de tan elevado cargo oficial. Inhalar, exhalar (nunca expirar): liberar los zentidos en medio de la iconografía patria de nuestra oficina ministerial del municipio Plaza de la Revolución.

Apretemos entonces la tecla Play de un iPod asignado como medio básico, propiedad social de ese mismo Estado cubano que mentalmente nos contrató. Pongamos música doble-cliqueando sobre cualquier carpeta al azar. ¿Qué nos entra directo al cerebro por los audífonos (no sería políticamente correcto usar las bocinas en horario laboral)? Nos entra un piquete de punk. O tal vez de pinga. Es difícil definir sin ser peritos en la materia. Una banda o pandilla de funk. O tal vez de fuck. Unos tales Porno para Ricardo, que seguramente radican en el exilio cubano más radical. Incluso nos da por tomar algunas notas de lo que oímos, sin dar crédito del todo a lo que oímos:


Porno para Ricardo no toca en la tribuna, ¿hasta cuándo la mentira de la dictadura...? Vamos a despingar al delegado, al delegado de nuestra circuncripción (vamos a darle tantos golpes que se va a resingar hasta en el día que nació)... Pioneros por el comunismo: ¡viva el diversionismo ideológico...! Me cago en el diablo, en la policía, en los jueces... La pornografía: ¡derecho del pueblo! (mantén tu ojo del culo con la guardia en alto)... El singao de Alpidio Alonso no quiere que los Pornos toquen más (el singao comunista chivatón)... ¿Qué dirán Carlos Marx y Federico, que le están resingando su comunismo...? Todos marchamos juntos con la plaza llena, delante flota la bandera: la lleva una niña con las tetas afuera... Porno para Ricardo no saluda la bandera de los comunistas de la gran escena... Hasta la singueta siempre, sin patria y sin muerte: ¡singaremos...! No quiero ser como tú, compañero, que levantas la mano y aplaudes el tiempo entero: no quiero ser monigote de un rey ciego, me meo en su sopa y le doy cuero... Hay un hombre sentado en el trono que se perpetúa como un verdugo y quiere hacernos siempre el futuro feliz, feliz, feliz... El comandante quiere que yo lo aplauda después de hablar su mierda delirante (no coma tanta pinga, comandante: usted y sus hermanos, esos viejos petulantes)... Estos años de hambre y de sombras llevan todos tu nombre, Fidel...: si compartes mi oculto secreto, te diré que conspiro contra él..., millones a dios le pedimos que haga ya detener su corazón... (cuanto antes se muera mejor...), pues no puede haber un modelo peor que el que a usted le salió, comandante, de su culo imponérnoslo...


Dejamos de copiar y tragamos en seco. La posesión de semejante papelito escrito de nuestro puño y letra podría meternos preso en Cuba (por suerte, este experimento mental es tecleado). Fruncimos el ceño. Carraspeamos: hummm... Apretamos la tecla Stop del iPod estatal y ponemos carita de yo-no-fui. Sonreímos nerviosillamente, como esos funcionarios culpables, recién cogidos fuera de base, que pululan por las traducciones cubanas de Kafka. La selección de la música pudo ser una casualidad o un virus difundido por nuestra disidencia endémicamente digital. Pero también podría tratarse de uno de esos tests de fidelidad que, de semestre en semestre, la contrainteligencia le aplica a la dirigencia oficial.

¿Qué hacer?, se nos desvirtúa de puro pánico la pregunta de Lenin. Nuestra reacción instintiva nunca deberá ser cliquear Delete sobre la carpeta "conflictiva". Mucho menos descargar toda esa "musiquita de mierda" más allá del inodoro del Recycle Bin. No, no. Igual sería inútil nuestro exabrupto, porque en la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) ya hay softwares que lo recuperan todo. Y todo es todo, compañeros. El caso de los e-mails de Marta Beatriz Roque sería apenas la punta del iceberg o, mejor, del uciberg.

Por favor, que nuestro stress no nos haga caer en shock. Remember, please: inhalar, exhalar, etzéntera... La reacción estipulada para aprobar este test con la máxima puntuación es simple: fingir un escándalo político y denunciar la audición pirata ante las instancias superiores, bien sea como negligencia o sabotaje o terrorismo o alta traición (o todas).

Y ya. Fin del experimento mental. De estar aún a tiempo, salgámonos, pues, del lugar del Estado cubano, de su top-nomenklatura. Les repito que yo lo hago más o menos cada veinte lunes de columnatas y me resulta muy saludable para perder presión (y nunca nunca nunca tomo pastillas, como Virgilio Piñera en su poema más de ocaso que de ocasión).



2.


No conocí en persona a los Porno para Ricardo hasta el pasado 29 de agosto. Disponía de una camarita digital y quise sentir, al menos durante ese viernes de pre-ciclón, lo que sienten los reporteros free-lance de guerra en tiempos de paz.

Fui hasta la fiscalía municipal de Playa, a media cuadra de 94 y 5ta Avenida. Los segurosos eran legión en el área. Habían tomado algunas casas y agencias de varias cuadras a la redonda, incluido su cuartel general en el ruinoso ex-cine Miramar (donde les repartían cajitas de almuerzo y refrescos de lata). Eran tipos con carotas de buena gente, pero dispuestos a darte duro por culo si te ponías a hacerte el fotógrafo liberal. Uno de ellos usó el índice para siluetearme una pinga cuando me vio enfocándolo. Me pareció una excelente señal porno, y lo retraté in fraganti dentro de su van rotulado a nombre del Palacio de las Convenciones. Pero la foto la arruiné estúpidamente al disparar el flash tan cerca del cristal.

La citación era para las 9 AM, pero sólo trajeron a Gorki 9 horas después. Tal vez el público profano no supo interpretar bien la clave de 9 AM (9 After Meridian).

Por su parte, Gorki Ávila, apenas una pieza más del modus operandi policiaco, nunca supo si lo conducían a juicio o si ya iba preso y sin papeles a una galera del Combinado del Este: ¿Paranoia para Ricardo? Al bajar de la patrulla, dos policías negros lo halaron a full-speed: del black-metal al speed (acaso él se merecía ese involuntario contrahomenaje).

Vi a Gorki volar entre la marea de cámaras y micrófonos de la prensa internacional, yo incluido de polizón. También había un sonriente equipo de la televisión cubana, aparentemente disfrutando de su final de vacaciones allí. En realidad, casi todos los fotorreporteros sonreían (no por gusto casi todos eran cubanos: las agencias foráneas los contratan para ahorrar presupuesto, por supuesto). Los tipos hacían chistes sexuales y políticos entre colegas. Y uno llegó a tararear el hit más comandantesco de Porno para Ricardo, en la misma oreja de los policías de guardia, cuya ignorancia los hacía víctimas virginales de semejante provocación (el choteo de Mañach: ayer, hoy y mañana).

Hubo gritos y aplausos durante la pasarela instantánea: ¡¡¡Gorki, Gorki!!! La mirada hostil e indolente de los uniformados dejaba claro que ellos sólo cumplían órdenes en aquel guirigay. La Policía Nacional Revolucionaria (PNR) se lavaba las manos formalmente con formol: allá los disidentes (¿Yoani y Yo?) con los segurosos, allá los abogados con el fiscal. Su maletín..., era la frase fría condensada en el aire.

Gorki Súperstar dijo algo en su arrastre hacia la sala, pero nadie en el mundo lo oyó. Lucía patilludo. Tenía mirada de loco o de profeta erotómano del último zar (Porno para Rasputín). O tal vez le vi el aura con brillo de los elegidos: Gorki era un mesías de las masas cárnicas. El chamaco (ya tiene casi cuarenta) lucía firme con cojones, pero también desconcertado con pinga. Era una marioneta que pataleaba por no dejarse arrebatar las últimas volutas de su voluntad. Era un héroe del fracaso sin nada que hacer y sin futuro: el presente se debe enteramente al presente (ideas plagiadas todas de sus propias grabaciones). Gorki ignoraba, lo mismo que los policías de turno, todo el galimatías solidario que en pocas horas había estallado en internet tras su detención. Mucho menos podía él entonces imaginar que en hora y media el Estado cubano tendría que dejarlo en libertad. De hecho, le impusieron sólo una multa de 600 cuotas en moneda nacional, después de suavizarle el cargo de "peligrosidad social predelictiva" por otro de "desobediencia" o algo por el hastío.

Los tres agentes encubiertos más escandalosos que detecté operando en la zona fueron: 1) Un señor negro, muy respetuoso, barrigudo y orondo con su descomunal anillo de hermanito masón: ¿sería una joya auténtica o una fantasía de atrezo para su caracterización? Es sabido que el Instituto Superior de Arte (ISA) no queda muy lejos de la fiscalía. 2) Una señora blanquituerta, impedida física y/o mental, que se autopropulsaba manualmente en un bicitaxi adaptado para su handicap: ¿sería un modelo Made In Cuba o uno importado de la fábrica china Yutong? 3) Un mulatico flaco de gorrita roja y jabuco al hombro que, sin rebasar el puesto de mando del ex-cine Miramar, nos vendió unas rositas de maíz en nylons de 5 cuotas en moneda nacional. Tras consumirlas, de pronto nos inundó una calma civil colectiva, detalle que me hizo sospechar que el producto estaba dopado con algún tranquilizante secreto de la Seguridad. Es sabido que el Centro de Restauración Neurológica (CIREN) tampoco queda muy lejos de la fiscalía.

Pasó el tiempo, y pasó un helicóptero militar. Volaba a muy poca altura, libélula desafiante al ciclón Gustav y/o Gorkiv. En medio de la calle 94, yo la retraté con descaro en el cielo. Fue como manejar una antiaérea. Pero la imagen me salió movida y en contraluz fuera de foco. Irremediablomente, mi primera jornada como fotorreportero sin sueldo sería un desastre de mil demonios.

Quien primero salió de la audiencia no fue Gorki, sino el líder de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional: Elizardo Sánchez Santacruz (sin alias). Bufaba ufano, triunfal, encarnando al hombre más libre de todo aquel proceso sumario. Habló con maestría y con la mesura reivindicatoria de los ex-presidentes que nunca lo fueron. Aludió a una farsa jurídica al peor estilo del programa La Tremenda Corte o ¿Jura decir la verdad? Describió, como si hubiera estado presente, el "hueco" en el que habían confinado a Gorki "por gusto" durante cuatro días. De paso, anunció que en breve Gorki saldría libre, y dijo que él le cedía su voz: que el "hombre de la prensa" por esa vez sería Gorki y no él. Retraté de bastante cerca a Elizardo Sánchez Santacruz (sin alias), con su guayabera blanca impoluta, y en todas las fotos su expresión self-confident era no tanto la de un decano de la oposición como la de un vocero del tribunal.

Luego salió el pobre padre de Gorki. Nervioso y digno. Hacía su mejor esfuerzo para no darse cuenta de todo aquel cómico circo del horror. Alabó, como quien evita males mayores, el trato que Gorki había recibido en la estación. Sacó tembloroso algo parecido a un papelito de sentencia. En ese instante, acosado por los booms y zooms de los jocosos réporters, me pareció que él era el verdadero condenado a pagar la multa, acaso por su demasiada obediencia durante décadas (predelictividad de la d). Luis Ávila me remitió a esos héroes perdidos en la novelística rusa del penúltimo entresiglo: "El padre", a secas, sería un buen título realista a la usanza del patriarca demodé Máximo Gorki.

Y luego salió por fin Gorki (la novia cadáver de aquel velorio bufo). Los agentes lo arrastraban otra vez a tope de velocidad: de cabeza y sin chistar al asiento trasero de la patrulla, escoltado por una segunda secuencia de aplausos, un chirrido de gomas al acelerar el Lada blanco, y TELÓN-KONIEK.

El grupúsculo [sic] de porno-amigos (y desconocidos como yo) salimos entonces a Quinta Avenida, donde dos policías en motos detuvieron el tráfico en ambos sentidos, para permitir la retirada también en grupo de las caravanas de vans de los segurosos. Temíamos que nos pidieran el carnet de identidad o que intentasen montar un caso de escándalo público en venganza, pero por suerte tal escena de anti-clímax no estaba concebida en el guión original.

Caminamos hasta la mortecina estación de 7ma y 62, y de allí hasta el edificio de Gorki, a la altura de 35 y 42. Recorrimos medio municipio Playa a pie, dando saltos de júbilo y pequeñas carreras para burlar los semáforos digitales, hablando por teléfonos celulares con medio mundo, y comiendo un pan con tortilla que apareció o que alguien tenía acaparado (pero que igual sabía a gloria y a lugar común), mientras la noche cubana se incubaba sobre la mole cyber-punk de la embajada ex-soviética y su cúpula de jeringa.

En el apartamento de Gorki respiré un silencio sepulcral. Vive sólo con su padre y su cuarto de música: alef maléfico a los efectos del Estado cubano. En esa misma sala, además de un contrabajo dormido, identifiqué el set amateur de algunos de los videoclips más rudimentarios y geniales filmados por Porno para Ricardo (uno de ellos hasta se proyectó de contrabando en la televisión cubana).

Gorki se bañó y afeitó. Apareció descalzo, usando sólo un short, y se sentó en el piso de su balconcito. Ahora él era un hombre de la paleohistoria: la campaña Free-Gorki había subido y bajado de las altas esferas del poder, pero él se mantenía analfabetamente al margen. Acaso hasta los cinco espías/anti-terroristas cubanos en cárceles norteamericanas de alta seguridad sabían más que Gorki del affaire Gorki.

Para colmo, Gorki aún dudaba si debía o no apelar su sentencia. Por supuesto, no se creía del todo estar de pronto en la calle. Contó sólo la anécdota de un palero preso que trataba de tú a tú con el diablo, y que le pronosticó estar libre ese mismo viernes 29 (Friday Freeday).

Gorki habló varias veces por teléfono, al fondo de un desolado pasillo. Su padre Luis aprovechó para hacernos varias advertencias que no entendí si eran juego o resabio. Igual hablaba con amargura ante nuestro jijijí general. Yo sentí un poco de pena de estar allí como fisgón incógnito, todavía disparando los flashes de mi camarita, cuyas baterías nacionales se ganaron en esa batalla la medalla al Honor Electrolítico. En las fotos, veo ahora un clima de jolgorio que allí no leí así: la atmósfera se me hizo cargante de cansancio tras la tensión liberada por una flamante firma fiscal.

Salí a la calle luego de estrechar la mano de Gorki. No le dije lo que desde el inicio yo le quería decir: que me gustaría escribir la biografía imaginaria de Porno para Ricardo, que sería una ficción radical y suicida (el libro más libre y lóbrego y lúdicro y lúbrico de nuestra generación de fantasmas con asma), que mi estilo es necia y necesariamente el estilo de semejante narrativa-norrativa-newrrativa-nowrrativa, y que yo, Orlando Luis Pardo Lazo, les regalo ahora mismo su título, sin tanta tonta ñoñería posburguesa del copyleft-copyright: "Una pelea cubana contra los pornógrafos".



3.


A veces pienso que es mejor dejarlos solos en un ring de boxeo.

En la esquina roja, Fidel Castro.

En la esquina porno, Gorki Ávila.

Fair-play: hoy por hoy los dos deben pesar más o menos los mismos kilogramos.

A veces pienso que todo este barullo de perros weberos mejor podría expresarse en vivo desde una audiencia on-line: sentados, por ejemplo, en el Coliseo de la Ciudad Deportiva (ya en 1959 este local fue escenario de juicios sumarísimos con sentencias de muerte y, dos años después, fue campo de concentración coincidentemente "predelictivo" durante la invasión boba de Playa Girón.)


A veces pienso que es inútil interferir en esta función de fieras feéricas (futilidad de la f).

En la esquina roja, Fidel Castro.

En la esquina gorki, Porno para Ricardo.

Cualquiera de estos días se van a matar.

Mejor sería entonces dejar claras las reglas de este pugilato entre dos cubanos a los que no les gusta la política, compañeros, pero ellos sí le encantan a ella.

Tal vez hay que darles un tiempo para darse porrazos hasta que a ambos se les quite la picazón.

Habría que dejar que Gorki y Fidel se despingaran en paz hasta que uno de sus respectivos coaches (por ejemplo: Ciro el guitarrista-vocal, y Raúl Castro el hermano-premier) se decida a tirar la toalla sobre el ring para detener el combate antes del campanazo final.

Y ya.


Después, cada cual tranquilito a casita: sea un apartamento canibalizado de Playa o sea el despacho presidencial de la Plaza de la Post-Revolución.

A veces pienso que es mejor dejarlos remar solos en este kayak largo y estrecho como una isla.

Los dos son atletas y/o artistas muy guapos (ambos son de ralea de récords).

Y no crean que todo ha terminado con esta escaramuza estival.

No, no.

Entre estas dos esquinas antípodas correrá siempre, si no la sangre, por lo menos un chisporrotazo político de máxima tensión.

El líder máximo Fidel versus el ciudadano mínimo Gorki.

Ni se imaginen que será una pelea de león contra mono amarrado.

(O tal vez sí, pero absurdamente al revés de lo que indicaría la lógica total de un consenso absoluto.)

Y ya.

Fin de mi mente experimental.









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Lizabel Mónica: Palabras para Gorki.


Lizabel Mónica
envía el siguiente comentario para publicarlo en Fogonero Emergente, debido a que no puede conectarse a su blog.



Pensar en Gorki

Gorki fue detenido el pasado 25 de agosto, sin orden de arresto, sin causa. Un expediente abierto por "peligrosidad", la llamada "ley del vago", arbitraria medida contra la delincuencia y los "desafectos" al sistema. Todo aquello que se considere dañino socialmente, según esta ley, puede ser retenido y eventualmente encarcelado. Sólo se necesitan opiniones, empezando por las consabidas del CDR -puesto de vigilancia gubernamental que existe en cada calle-, de personas cuyo comportamiento social sea impecable, es decir, aquellos a los que popularmente se les llama "integrados". Integrados, al sistema. Todo gira, por si alguien no lo ha notado por allá fuera alrededor de la política en Cuba (aquí es imposible no notarlo, dejando sólo como salida para algún que otro nacional el "hacerse el sueco"). Por ello Gorki, quien decide cantar haciendo uso de aquello que ni los más económicamente poderosos, ni los más encumbrados de la nomenclatura del país pueden hacer uso: la libertad de expresión. Sí, la libertad de expresión en la isla es un verdadero lujo, el mayor de todos. No concebimos a nadie, oígase bien, a nadie en este país, que no mida sus palabras. Por supuesto, hasta nuestros presidentes revolucionarios participan de la escasez de esta codiciada actitud. En todo el mundo, cuando se piensa en las palabras públicas del presidente de un país, lo último que viene a la mente es que esté diciendo la verdad, la estricta verdad. Por supuesto, el presidente de un país tiene una responsabilidad pública que le obliga a un tiempo a medir sus palabras mientras intenta por otro lado no dañar la imagen pública de confianza que el país ha depositado en él. Bueno, en el caso de que el país la haya depositado en dicho presidente, y no que tal persona se la haya abogado por la fuerza. Pero volviendo, en Cuba los presidentes miden tanto sus palabras que no podemos recordar un solo momento -de esos momentos célebres y acaso difícilmente escamoteables por el presidente de una democracia que respete al menos en apariencia los principios que la sustentan- en que el presidente haya aludido en una aparición pública a la honestidad que habría de estar en juego. Las apariciones públicas de los presidente cubanos no son diálogos aparentes de mesurada ecuanimidad con un maduro e hipotético escucha nacional; son arengas, discursos de regimiento, muy parecido a aquella verborrea incitadora que se dirige a un ejército para exitarlo y prepararlo para el valor y los horrores de la batalla. La desmesura parece caracterizarnos. Y la arbitrariedad. Estos discursos, en buena medida una muestra del discurso de todo relato de la política nacional revolucionaria, que apela a "con-vencer" y a generar una "convicción" más que a generar la reflexión propia y desapasionada del receptor, son los que marcan nuestro devenir en un pueblo con muy poca cultura del debate, y donde apenas se cultiva el pensamiento, a secas, no ya el pensamiento que da pie a la duda, aquel que resulta por ello más intenso, y de mayores repercusiones en el intelecto. Si esto ocurre de manera generalizada, si somos cada uno de nosotros quienes reproducimos este modelo de pienso aquello que me dijeron o esto que dijo fulano que me convenció al oírlo; entonces, ¿qué podemos dejar para los noveles de conciencia colectiva? Sí, nuestro futuro es negro, sobre todo porque pocos se atreven, de veras, a pensar en él. Por otra parte, pensar suele ser una buena manera de preparar el actuar, y la mejor manera que podemos recomendar para la acción en un país de circunstancias sociopolíticas como las de Cuba. Solemos, sobre todo por estas tierras, actuar sin antes pensar. Algo que viene como anillo al dedo a nuestra cultura de la convicción antes expuesta. Acaso sea el pensar como primer paso entonces la manera más responsable, más comprometida, del actuar.


¿De ideas la batalla?

Esta mañana me dirigí al juicio [sumario] de Gorki, ese que sin cargos y en el plazo de tres días luego de su detención se le hace. Al llegar a un cuadra de distancia del lugar, varias personas vestidas de civil y con walkies talkies
en el cinto me detuvieron. "¿Hacia dónde vas?" "Por aquí no se puede pasar". El tono de tales interpelaciones y los autos parqueados cerca no dejaban lugar a dudas de cuál sería el destino de un forcejeo: la reclusión forzosa en alguno de aquellos automóviles. A mi memoria vino la manera en que fueron cargadas por varias personas hacia un ómnibus las Damas de Blanco durante su manifestación en la Plaza de la Revolución. Decidí dedicarles una mirada y una sonrisa irónica -el cubano es muy susceptible a la burla y algunos hacemos uso de eso para no sentirnos demasiado impotentes- e intentar otra entrada. Rodeé el lugar. Como era de suponer la manzana estaba completamente "tomada". Por ninguna de las cuatro esquinas que rodeaban el Juzgado de Playa (ubicado en 5ta y 94) había manera de pasar. Pero no sólo las cuatro esquinas anteriores a la cuadra del juzgado estaban llenas de estos grupos de acción rápida, sino toda Quinta Avenida prácticamente. En todas las casas e instituciones a la redonda había una pequeña posta, y podían identificarse varios policías de civil merodeando por el parque, haciendo sus rondas por la ancha avenida. Todo un despliegue de fuerzas represivas para impedir que se pudiera asistir libremente -como suele estar establecido en todos los juzgados del país- al juicio de un criminal común, estatus que se le da a Gorki, y por el cual supuestamente -no porque sus canciones punks digan "no coma tanta pinga comandante"- se le enjuicia. Parece paradójico y no lo es que a Gorki se le lleve a juicio, alegando la "peligrosidad social" que se aplica a quienes no quieren trabajar para el Estado, por letras como la antes citada, perteneciente a una canción que habla precisamente de la obligación de trabajar en un país donde el trabajador no es remunerado mientras se le obliga a asistir a reuniones del Sindicato Laboral para apoyar el último discurso del presidente o la última disposición política del gobierno. Cabe preguntarse por qué una agrupación musical, específicamente su cantante, resulta peligroso para el actual régimen. Una acotación: ante una batalla de ideas nuestro sistema no presenta batalla; apuñala por la espalda haciendo uso de sus fuerzas.
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COMUNICADO DE PRENSA PORNO PARA RICARDO

(Recibido desde Cuba por correo electrónico).
Agosto 28, 2008, 21: 00

Acabamos de recibir el testimonio de una persona cercana a los integrantes de Porno Para Ricardo, dándonos su testimonio sobre los eventos recientemente ocurridos en La Tribuna Antiimperialista, en el Malecòn de La Habana:


“nos dieron golpes
no se donde están ni Hebert ni Ciro
Yoani escapo
creo que se llevaron a alguien pero no se a quien
la prensa lo filmo todo
llevamos una pancarta y gritamos
la gente corría en masa y la seguridad daba golpes
por unos segundos el concierto fue un caos”

Alertamos a la comunidad internacional a seguir de cerca el caso de Gorki Águila y del estado en que podrían encontrarse Ciro Díaz, Hebert Domínguez y Renay Kayrus, integrantes de Porno Para Ricardo, así como de la bloggera Yoany Sánchez."


Porno Para Ricardo.


La Habana, agosto 28, 2008, 21: 00
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Miguel Bosé sobre el caso Gorki Águila

(Recibido desde Cuba por correo electrónico).


"Con espanto recibo la noticia de la detención de Gorki Águila, así sin más. Sin más, como de costumbre... Eso me hace pensar que las cosas no cambian, que van p´atrás. Con eso lo único que se desvela es la enorme fragilidad de aquellos que detentan el poder actual, y su miedo hacia las ideas que son libres, algo que ellos ni son, ni conseguirán serlo jamás.
Pido en nombre de decenas de colegas españoles que no sólo se libere de inmediato al compañero Gorki Águila, si no que además se den explicaciones sobre las causas de su detención.
Todo mi apoyo y solidaridad hacia Gorki, familia y amigos."

Miguel Bosé.
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Nuestros Mejores Años, por Ismael de Diego

(Recibido desde Cuba por correo electrónico).

La primera vez que vi a Gorki fue en la cárcel durante la producción de Habana Blues. Fue en un comedor grande, con varias mesas de cemento empotradas en el suelo, en un extremo estaban los familiares apretados en la puerta de entrada con la vista fija en una puerta de hierro al otro extremo de la habitación. Sólo se escuchaban las voces de los oficiales, "No pasen hasta que no se les avise". Estuvimos así un rato en silencio hasta que comenzaron a salir los reclusos, los esculcaban uno por uno antes de entrar y quedar parados a 40 metros frente a nosotros, así que tuve tiempo de tratar de adivinar cuál de ellos era Gorki. Cuando salió por la puerta no lo reconocí, fue sólo un rostro familiar, esa empatía que se siente ante un posible amigo, una camisa azul grande estampada y una mirada desilusionada. Fue cuando nos sentamos y lo tuve cerca que lo reconocí, no tenia nada que ver con aquella imagen eufórica y provocadora de los conciertos, se veía cansado, "esto es como un teatro, te subes a cantar y representas un personaje, pero cuando te bajas del escenario todos esperan que seas siempre así", me dijo. Estaba hecho mierda y me lo pegó, sentí que él no pertenecía a ese lugar y la visita me dejó la sensación de injusticia en el cuerpo. Supe que cualquiera podía estar ahí sólo con molestar un poco más de la cuenta y me pregunté qué tan débil y enclenque debe estar este gobierno para que un grupo de música le pueda representar algún peligro.

Al conocer las acusaciones, las supuestas pruebas que se esgrimieron y la sentencia totalmente desmedida e injustificada, recordé aquellas persecuciones estúpidas y medievales que me contaron de los años 70 en la UMAP y que tanto afectaron a generaciones de cubanos que lo vivieron. Generaciones que hoy están convencidos que eso fue algo del pasado sólo porque ya no les ocurre a ellos y que se rehúsan a tomar partido. Siempre pensé que fue el pueblo y no el sistema, no Pavón, no Quesada, no Fidel, los culpables de aquella tragedia, el pueblo que lo permitió, que lo aprobó, que se calló y no habló cuando pudo, por miedo o por lo que fuese. Me pregunto qué tanto abuso puede cometer un gobierno, hasta dónde puede llegar, si su pueblo nunca protesta y permite todos los atropellos, y qué tan solo y vulnerable está un hombre cuando nadie quiere comprometerse, por justa que sea la causa.

Esto le está ocurriendo ahora a nuestra generación, a la que se ha mantenido encerrada en esta isla y a la cual nunca se le ha permitido tener voz propia. La cultura, para que sea auténtica y genere una identidad real, debe ser espontánea y nacer del ímpetu por expresar. La cultura impuesta, moral o políticamente correcta, utilizada como una estadística para impresionar y ganar puntos políticos, no es más que pura evasión enajenada y conlleva inevitablemente al desapego, no en vano nuestra cultura es cada vez menos nuestra y más americana, puertorriqueña, europea o lo que sea que esté de moda. No existe en Cuba una sola tarima, un solo micrófono donde se pueda expresar una idea que no esté previamente revisada y avalada, todos los teatros, cines, bares de mala muerte, tugurios y glorietas pertenecen al gobierno y éste impone leyes enmascaradas en instituciones, permisos y membresías para crear un filtro infalible. No sé qué principio revolucionario puede justificar semejante carencia de libertad.

Los artistas e intelectuales que piensan que reflejan nuestra realidad de una forma crítica y logran el acceso a los medios de comunicación son aquellos que han sido aprobados y que han pasado a ser una especie de contestatarios oficiales, cuyos pensamientos no representan en lo más mínimo las carencias, las miserias y la increíble falta de libertad que vivimos a diario. Aquellos que se niegan a modificar, endulzar o transformar su discurso con tal de entrar en el sistema y poder ganarse el derecho a tocar en algún lugar y vivir de lo que hacen les esta reservado el anonimato, la persecución y la indiferencia. Al parecer, la honestidad y el compromiso con la verdad individual no tienen pegada en un país dormido y apático que ha decidido que hacer de la vista gorda es lo más inteligente y correcto. Vaya pueblo culto que hemos generado.

Si piensan que no son evidentes las razones por las cuales se intenta encancelar a Gorki se equivocan, son obvias. Hace rato que el engaño no es más que una burda manipulación. Si piensan que esta torpe solución a la hora de lidiar con la crítica no hace notar su patética incompetencia política se equivocan, todos nos damos cuenta de la falta de compromiso con la verdad. No pronunciarse ante este tipo de hechos nos hace cómplices de la intolerancia porque existen situaciones que nos conciernen a todos y donde lo que está en juego no es más que la libertad. Esa libertad pura de ser como somos sin condiciones ni juicios, ésa que para disfrutar hay que ganársela. No me gusta apoyarme en las citas, pero él lo dijo mejor que yo:

"Quienes son capaces de renunciar a la libertad esencial a cambio de una pequeña
seguridad transitoria, no son merecedores ni de la libertad ni de la seguridad".
Benjamin Franklin

Ahí está la historia para contarnos cómo fue que lidiaron los líderes revolucionarios con la generación de nuestros padres, queda por ver cuál va a ser la relación que establezcan con nosotros y hasta qué punto vamos a dejar que nos roben nuestros mejores años con el silencio como verdugo. Mientras tanto, Gorki se queda en la celda de la Quinta esperando a que se inventen una buena excusa para que se pudra en la cárcel donde lo conocí y logren que deje de cantar para siempre.


Ismael de Diego
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