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Pedro Marqués de Armas / Duanel Díaz Infante.


Orígenes, República, Revolución...

(Diálogo a partir de Límites del origenismo)

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Pedro Marqués de Armas:

En tu primer libro, Mañach o la República, te refieres a esos tres grandes ensayos canónicos sobre la identidad cubana que son Indagación del choteo, Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar y Lo cubano en la poesía, como "escrituras que tienen la urgencia de un conjuro contra la amenaza de la desintegración nacional"... en las que subyace cierta voluntad de "alarma". Acto seguido expresas que este gesto se vuelve, de Mañach a Vitier, cada vez más "dramático". Al parecer, ello anuncia el tópico principal de tu segundo libro de ensayos, Límites del origenismo.

Aquí, más que una continuidad, supones una ruptura entre el corpus origenista y el resto de estos discursos nacionales, pues, según afirmas, "tan significativas son las parcialidades como las pretensiones de totalidad del canon de lo cubano en la poesía..."

El drama de la desintegración se radicaliza en tanto es la poesía como absoluto y, por lo tanto, una lectura absoluta de la Nación, la tradición, la historia y la libertad, lo que la informa. Sin embargo, tu ensayo se centra en el reconocimiento de exclusiones que derivan de oposiciones del tipo civilización/barbarie o integración/desintegración que son, precisamente, las que presiden estas narrativas civiles. Si bien las diferencias respecto al Ortiz "no positivista" parecen claras, no lo resultan en relación a Ramiro Guerra y en general a los relatos de los primeros años de la Republica. ¿No está en juego lo mismo, es decir el drama civilización/barbarie, desplazado al terreno de la poesía? ¿No es Lo cubano en la poesía un texto que "selecciona", una suerte de “eugenesia poética” que persevera en iguales mecanismos?

Duanel Díaz Infante:

Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, Indagación del choteo y Lo cubano en la poesía comparten, más allá de la diversidad de sus temas específicos de reflexión, tanto la pregunta más o menos explícita por la cubanidad como la advertencia de la frustración nacional. Empeñados en contrarrestar la decadencia, estos ensayos están transidos de nostalgia por un siglo XIX en parte idealizado, siempre anterior a la caída por la pendiente del choteo, la intrascendencia y el norteamericanismo. Ahora bien, más allá de estas comunidades, creo que hay entre Lo cubano en la poesía y los otros dos una diferencia que es de esencia más que de grado.

Al evitar declaradamente en Lo cubano en la poesía los métodos “críticos” de la psicología y la sociología para intentar “un conocimiento rigurosamente poético de lo cubano”, Vitier hace explícita su diferencia fundamental de la perspectiva propia del tipo de letrado que Mañach y Ortiz, como sus respectivos Indagación y Contrapunteo, representan. Mientras Ortiz, Mañach y Guerra comparten una perspectiva letrada que está informada por la dicotomía civilización / barbarie, el origenismo católico está presidido por una muy diferente: la que contrapone la poesía a la crítica. Justamente la perspectiva de un Mañach es, para Vitier, Lezama y García Marruz, “crítica”, esto es, limitada al determinismo en la medida en que se atiene solo a los meros hechos de la historia. Ese terreno es, para los de Orígenes, un callejón sin salida: se trata para ellos de plantear las cosas en otro nivel más profundo, el del “conocimiento de salvación”, que no es otro que la trascendencia de la poesía y la “infinita posibilidad”. Dos tempranos ensayos de Lezama –la conferencia sobre Casal y el “Coloquio con Juan Ramón Jiménez”– y algunos editoriales de Espuela de Plata y Orígenes hacen manifiesta esta solución de continuidad.

No creo, entonces, que los origenistas trasladen al terreno de la poesía el ideario de los letrados nacionalistas; la diferencia no está sólo en que su objeto de estudio sea la poesía y el de aquellos la historia o la sociedad, sino sobre todo en que ellos asumen a la poesía como el fundamento de su discurso. Hablan no sólo de la poesía, sino desde la poesía. Y desde esa perspectiva la de los letrados representa en cierta medida una nueva barbarie: la de la crítica, que los origenistas consideran insuficiente tanto para comprender la poesía como para superar la frustración nacional.

En la medida en que la toma de partido origenista por la poesía está en la raíz de su nacionalismo –en Límites del origenismo intento demostrar que, aunque nunca expresada como tal, la identidad última de lo cubano y la poesía es la idea central de Lo cubano en la poesía– ese nacionalismo es sensiblemente diferente del de los letrados como Mañach u Ortiz. No se opone al antillanismo de la poesía afrocubana y de La isla en peso en nombre de la ilustración o de una racionalidad moderna, sino de la poesía. La barbarie del antillanismo no consiste solo, para Vitier, en escamotear el perfil “civilizado” de Cuba sino en cortar el lazo que une a la Isla con el orden de Roma y la catolicidad del mundo, justo aquello que la distingue en medio de la atrocidad telúrica del archipiélago caribeño.

Pedro Marqués de Armas:

Es cierto que en el origenismo clásico alienta una oposición entre la poesía como absoluto e identidad última de lo cubano, y la literatura y la crítica... Y puede que ésta se realice al margen de la racionalidad de algún tipo de letrado, aunque para mí Vitier lo es. En realidad, adonde intentaba llevarte es a lo que hay de discursivo en ambas perspectivas, tanto en la crítica como en la poética.

¿Eso que llamas "el fundamento de su discurso" no sería a fin de cuenta la voluntad de verdad, de orden, desde donde se articula este relato nacional, aunque aparezca erigido desde la poesía? Rechazar la crítica, ciertas literaturas, ciertos géneros literarios y otras tantas poéticas "especulativas", ¿no tiene aquí como función reforzar la verdad de este relato en primera instancia moral? De un lado, especies a exorcizar como lo telúrico, el sexo, la violencia, los ídolos afrocubanos y hasta "ese monstruo, la novela", del que Cintio Vitier no sabe qué pensar; y, del otro, a buen recaudo, la tradición criolla, blanca, católica, con su paso al sacrificio que funde la poesía y el acto... Tu propio reconocimiento de lo que Orígenes rechaza no deja de apoyarse en referencias al peligro negro tal como lo atisbaran Parreño, Trelles y hasta el propio Martí. Creo, entonces, que no se está fuera sino dentro de los dispositivos propios de cualquier discurso, con la literatura, o mejor, la poesía, como uno más. En este sentido, no hay que tomar muy en serio el desentenderse con la sociología y la psicología. En Lo cubano... se agita la sombra, el espectrum --digamos que espiritual-- del evolucionismo: embrión, aborto, descaecimiento, retorno de los instintos, cepa moral, etc. Se trata de metáforas, obviamente, pero el principio es siempre eugenésico. Claro que esto puede o no implicar un uso instrumental, concreto, en determinados momentos históricos.

Duanel Díaz Infante:

Primero quiero hacer una aclaración con respecto al tema de la racionalidad moderna. Cuando digo que los origenistas se oponen al discurso racionalista de los letrados, no implico con ello que asuman un discurso irracional, a la manera del surrealismo, que es una poética esencialmente moderna, de vanguardia. Justamente lo antimoderno de Vitier, Lezama y García Marruz –en el sentido de Maritain– estaría en superar esas dos caras, según ellos complementarias, de una modernidad demoníaca, alcanzando así la plenitud poética perdida en un mundo desintegrado. Y es esa antimodernidad lo que los lleva a sucumbir a la “tentación totalitaria”.

Con respecto a la cuestión de si el “fundamento” del discurso de los origenistas –Vitier sobre todo– es la poesía o la voluntad de orden, creo que conviene traer a cuento la distinción entre función y contenido. La voluntad de orden sería, en cierto sentido, la función de todo discurso nacionalista. Todo eso que Vitier rechaza sólo se vuelve inteligible como conjunto en la medida en que se opone a una sola positividad: la poesía. Podría decirse que la función del discurso es la voluntad de orden, pero su contenido, su fundamento, es la poesía.

Ahora, no niego con este énfasis que justamente en sus negaciones el discurso origenista pueda identificarse bastante con los discursos positivistas y eugenésicos. Por ejemplo en lo del peligro negro que señalas. Pero insisto en la diferencia: mientras Saco oponía lo negro a lo cubano desde el terreno mismo de las razas (los negros no eran cubanos), Vitier, que escribe después que la vanguardia ha nacionalizado lo afrocubano, opone al negrismo de Guillén una idea de lo cubano etérea y espiritual, trascendente de las razas y del telurismo. Si el discurso de Saco es positivamente racista, en Vitier el racismo sería, digamos, negativo, quizás más cerca de Martí que del propio Saco.

Pedro Marqués de Armas

Quizás deba describir más y atarme menos a esta cuestión de los discursos. Pero en Lo cubano en la poesía hay evidentemente una voluntad de selección donde los textos, casi siempre poemas, son usados para decir: esto es lo cubano auténtico y aquello lo cubano inauténtico. Ahora bien, esta "jerga de la autenticidad", como diría Adorno, quien la dicta es el estudioso Vitier tal vez no como letrado ilustrado, para usar este pleonasmo, pero sí como autoridad... Si la mirada de Ortiz hacia lo cubano deviene a partir de la década del 30 inclusiva y dinámica, la suya no, pues traza una frontera rígida que se modifica muy poco a lo largo de los años, salvo para sumar addendas como Ese sol del mundo moral y los ensayos ranciamente ideológicos de los 90. Lo que queda excluido en este emblemático libro remite más al metarrelato identitario, racista y eugenésico, de los primeros años de la República, que a lo que llega con el afronegrismo y conduce a la transculturación. En este sentido, Vitier es una vuelta atrás, no a las disciplinas (sociología y psicología), pero sí a un doble espiritualista, claramente evolucionista, del discurso de sus predecesores criollos: padres y abuelos que eran por lo general abogados, médicos, pedagogos, etc. Si aquellos seleccionan la sangre y construyen genealogías nacionales a partir de políticas concretas, represivas, controles migratorios, etc; éste selecciona "conceptos-imágenes" que están conectados al saber-poder de aquellos... Se trata de un fenómeno bastante especular. Es por eso que me parece que las antinomias origenistas que señalas con tanto acierto son tan radicales como las del nacionalismo étnico de la primera República. Sin prosa, por otra parte, como muestras con lucidez en tu ensayo, no se podía acceder a un metarrelato más complejo de la cubanidad.

Duanel Díaz Infante

Lo que quieres decir es que, frente al segundo Ortiz, Vitier regresa al positivismo racista de los hombres de la primera generación republicana –como el propio Ortiz, Guerra, Trelles, los de Cuba Contemporánea–, espiritualizándolo. Pero insisto en que esta espiritualización implica algo más que un matiz. Puede haber ciertos paralelos, pero no hay una continuidad con esos discursos. Vitier habla, como letrado al fin, desde una autoridad, pero esta no es la de la ciencia que ampara a los juristas y a los médicos, sino un conocimiento que puede ir más allá del límite de la ciencia. Esa visión poética es lo que hace investigar lo cubano más allá de la historia superficial y comprenderlo como fundación. Los letrados a los que te refieres, marcados por los desastres de la independencia, tienden a preguntarse por los orígenes de la decadencia nacional, considerando siempre la nación como un cuerpo –cuerpo en peligro por la invasión de agentes patógenos como los esclavos y los inmigrantes haitianos, cuerpo decadente por la herencia de los vicios del padre español, o cuerpo degenerado por la mezcla de razas. En cambio Vitier tiende a concebir lo cubano como alma o espíritu, algo más intangible, difícil de definir y determinar, y por tanto más preñado de posibilidad.

Pedro Marqués de Armas

Tal vez las páginas más polémicas de tu libro son aquellas donde sostienes que, frente al dilema de la Poesía y la Historia, tanto Vitier como Lezama optan por la primera y contra la segunda, y que, en consecuencia, sería la "antimodernidad" y el "anticapitalismo romántico" que modela sus poéticas desde la década del 40 lo que les lleva a la "tentación totalitaria". No percibo en qué medida implicas a Lezama en esta "tentación". Ahora bien, aunque coincido en que ambos se colocan del lado de la poesía, creo que lo hacen según estrategias diferentes, lo que supone una relación no fatal entre estos elementos.

En Lezama hay un uso de la Revolución (de la Historia) desde la poesía, para incorporarla a su "sistema poético", pero también una retirada a tiempo: desencanto apreciable no sólo en sus cartas sino además en su escritura (Fragmentos a su imán, por ejemplo). Si bien su poética resulta, en muchos aspectos, la misma de comienzo a fin, e incluso parecida a la de Vitier, es difícil no reconocer el hecho de que las tensiones entre ésta y su escritura ("crítica de los espejos", le llama Octavio Paz) –sobre todo anteriores a 1959-- siempre se resolvieron a favor de la segunda. Creo que en ello consiste, por sobre las demás cuestiones, su modernidad: obra abierta al futuro en tanto ficción. No digo Lezama que escape del totalitarismo exclusivamente por la escritura, puesto que escapa también por su propia decisión frente a la historia. No obstante, la escritura tiene un peso: en los 70 Lezama experimenta el barroco como cárcel y el "sistema" que había construido como horror. No veo cómo empatarle con los códigos del totalitarismo, salvo desde una "mala lectura": aplicar a la historia, y desde una política de Estado, los ideologemas que se derivan de su concepción poética.

En Vitier hay igualmente un uso de la Revolución desde una poética conservadora, pero en el que cabe distinguir un progresivo involucramiento en la historia, que va desde el compromiso de Fechado al pie (1968) hasta el comprometimiento con una política nacional-totalitaria. En última instancia, y al plantear que la profecía martiana se cumple con la Revolución, Vitier cree resueltas las antiguas tensiones, sin reparar en el horror implícito en esta elección.

Claro que no se me escapa el hecho de que no es en la escritura, sino en las ideas, donde cifras tu análisis, el cual me parece excelente en el sentido de que con ello adviertes de las consecuencias que podrían derivarse de una antimodernidad extrema.

Duanel Díaz Infante

Hablo de “tentación totalitaria” en el sentido de Jean François Revel, que designa así el atractivo que para muchos intelectuales y artistas del siglo pasado ha ejercido el totalitarismo. En la medida en que, sea en su versión revolucionaria (el comunismo) o revolucionario-conservadora (nazifascismo), este destruye los valores e instituciones de la democracia burguesa, puede resultar satisfactorio para una intelligentsia cuyo anticapitalismo romántico implica el deseo de autenticidad en un mundo degradado por los valores liberales y mercantiles.

El anticapitalismo raigal de las poéticas de Lezama y Vitier, que se distingue fácilmente del anticapitalismo marxista por no ser dialéctico y progresista sino reaccionario y conservador, los hacía, en buena medida, vulnerables a la tentación totalitaria, lo que no quiere decir que necesariamente tuvieran que sucumbir a ella. Vitier podía perfectamente haberse marchado de Cuba en los años 60 (de hecho, se dice que estuvo a punto de hacerlo) y comprendido a la Revolución como un nuevo desastre deparado por una historia siempre decepcionante. Prefirió, en cambio, celebrarla como la encarnación de la poesía en la historia, y esto en 1968, cuando con la Ofensiva Revolucionaria el régimen se radicalizaba claramente en el sentido totalitario. Lezama hizo lo mismo en escritos de ese año funesto: también él ve a la revolución no como historia sino como poesía. Su “uso” de la Revolución desde la poesía comporta evidentemente una celebración poética de la Revolución. Al margen del grado de modernidad y fuerza de su escritura, los ideologemas que aparecen en ella no digo que tengan los “códigos del totalitarismo” pero sí que pueden llegar a confluir, así sea negativamente, con el discurso que lo legitima. Por eso, a diferencia de algunos importantes estudiosos de Lezama, pienso que el rescate que de su obra ensayística y poética hace Abel Prieto en los años ochenta no constituye del todo una mala lectura.

Por supuesto que en Lezama hay una retirada y un desvío –en sus cartas y en su último poemario- y ello hace una importante diferencia con Vitier, quien constituye, con Fina García Marruz, uno de los más notables casos de colaboracionismo intelectual con el régimen castrista. Vitier ha llegado a decir, en una carta de apoyo a la reforma de la constitución para declarar irreversible el socialismo en Cuba, que “no defendemos un sistema político, que siempre puede ser corruptible y desvirtuarse, sino la continuidad con los mayores, con Bolívar y Luz”, el antimperialismo que es “nuestro destino manifiesto.” Es decir, no importa lo que haga el gobierno mientras seamos antimperialistas, mientras cumplamos nuestro destino y continuemos el legado de los fundadores.

Pero creo que justo estas palabras ejemplifican mi tesis de que su colaboración con el régimen de Castro no implica una toma de partido por la Historia contra la Poesía; por el contrario, es una toma de partido por la poesía –destino, legado, cubanidad. Vitier ve a la historia sub specie poiesis; la Revolución es para él el fin de la historia como negatividad, prosa, política e intrascendencia.

Pedro Marqués de Armas

Está claro que Vitier nunca tomaría partido contra la Poesía, sino a su favor... Y creo que el fragmento que citas confirma tu tesis, sólo que en esa afirmación suya hay tanto de obstinación como de coartada, aunque esto pueda parecer secundario. Por lo demás, Vitier legitima a un sistema político concreto a cuyo poder sirve desde la poesía y en calidad de ideólogo. O si prefieres desde una fusión entre Poesía y Poder que se presenta como definitiva e imposible de trascender. Si el rechazo origenista implicaba en la década del 40 cancelar, a nombre del espíritu, el "cuerpo de la nación", con lo que ello supone justo cuando se alcazaba cierta complejidad civil; ahora lo que se plantea es, a la vez desde la perspectiva de aquel discurso sobre la poesía y desde la de un poder político totalitario en busca de nuevas legitimaciónes, hacer indistinguibles poesía, historia, nación y revolución... O sea, el poder total. Lo cubano... resulta así, en este último contexto, un programa contra el enemigo externo e interno; y Martí, su Encarnación Suprema, una norma a esgrimir contra jóvenes nihilistas y antisociales y el centro de una retórica de guerra. Insisto en esto porque la fusión Poesía-Poder en el largo período que va desde 1968 hasta la fecha, y en particular desde los noventa, opera en la historia, es decir interviene en ella quirúrgicamente y no como mera virtualidad.

Duanel Díaz Infante

Así es. Lo cubano en la poesía se vuelve particularmente útil en los años noventa, con el giro nacionalista en la ideología del estado. De ahí la “relectura” que hace Abel Prieto en el prólogo a la tercera edición cubana de la obra, donde advierte que las críticas al libro de Vitier ejemplifican cierta tendencia al “neoanexionismo” entre los jóvenes intelectuales. Al fin y al cabo, lo que hace este discurso nacionalista no es sino deslegitimar la diferencia interna expulsándola afuera, o identificándola con el enemigo externo. Creo que es Maurras quien decía que el nacionalismo no es la lucha contra el extranjero exterior, sino contra el interior; se empieza por considerar al extranjero un enemigo y se termina considerando al enemigo un extranjero.

Pedro Marqués de Armas

También con el propósito de deslegitimar una diferencia interna es que se clausura, en 1961, el suplemento cultural Lunes de Revolución. Se llegaba así al final de una breve ilusión: la de conciliar autonomía creadora y arte al servicio de las masas, conservando un importante maegen de libertad individual en tiempos de demanda colectiva.

Más que en narrar la serie de acontecimientos que conducen a Palabras a los intelectuales como término declarado de esta utopía, te centras en una lectura de los presupuestos de Lunes... en tanto alternativa a Orígenes y a los intelectuales comunistas. Creo que al proceder así desaprovechas un tanto, ya no desde la literatura pero sí desde la lógica que el poder revolucionario impone, indagar en la importancia que en este contexto tiene el concepto "pueblo". Es a partir de esta la entidad, que involucra y rebasa a la inmensa mayoría de los escritores y artistas cubanos desde 1959, que se procede a barrerlos como diferencia.

Duanel Díaz Infante

¿Quieres decir que ese concepto de pueblo que hasta hoy ha determinado la marginación de los escritores está presente en Lunes, o en el contexto en el que Lunes fue cerrado?

Pedro Marqués de Armas

Claro, ese concepto de pueblo sirvió para liquidar a los escritores, desde entonces hasta ahora, lo que es evidente en Las palabras a los intelectuales. Por supuesto, en aquel momento tiene una importancia enorme, en la medida en que permea no sólo el discurso de Lunes sino también el de las demás tendencias. No deja de ser sintomático, no en sentido psicoanalítico sino político, que la censura haya comenzado por P.M., documental que muestra la vida nocturna de La Habana, sus bares y sus negros... Lo que hay detrás de “Con la revolución todo, contra la revolución nada”, es a mi modo de ver control puro que se legitima en el culto al pueblo. Lo cierto es que el miedo estaba ya bien diseminado. A pesar de que los escritores e intelectuales de Lunes firman una carta de protesta por la censura de P.M., luego no oponen resistencia alguna al discurso de Fidel Castro... y esto porque estaban comprometidos hasta la médula y se sentían culpables y pequeños frente a la Revolución, es decir frente a la Historia... El Piñera de esta época se autocritica constantemente, y no parece el mismo que escribiera en 1945 un definitorio ensayo sobre Kafka, donde se muestra como escritor moderno simple y llanamente.

La lectura que hace, en el contexto de Lunes, de su cuento “La carne”, es un típico síntoma de la época. Todos, de un modo u otro, son arrastrados por la violencia de los acontecimientos. La UNEAC surge como un aparato destinado a acallar las diferencias, que no obstante siguen asomando, pero cada vez menos y con consecuencias siempre más desastrosas (Padilla, etc). O sea, tú percibes todo esto, pero dejas escapar un poco la importancia decisiva que tienen los acontecimientos y el carácter envolvente de éstos desde 1959.

Duanel Díaz Infante

En efecto, así como la nación se convirtió para los jacobinos franceses en la fuente de toda soberanía, el pueblo se convirtió en la Cuba de 1959 en la base de legitimidad de todos los discursos revolucionarios. Y Lunes, que vivió con intensidad la ilusión revolucionaria de la ampliación del público lector y la modificación del status de la literatura en la nueva sociedad, contribuyó desde luego a una especie de absolutización del pueblo que se complementaba con el culto a la otra cara que presenta toda revolución: el héroe. El problema es que el pueblo, en tanto tal, no habla; desde que se habla, se establece, por así decirlo, una diferencia; y más aun desde que se escribe. El asunto es entonces quién representa legítimamente al pueblo: la Revolución se convierte en la fuente de todos los derechos en la medida en que convierte violentamente la representación en identidad; es así que el gobierno revolucionario “supera” la democracia representativa y se radicaliza hacia un totalitarismo que es, según sus ideólogos, una forma de “democracia participativa”.

Conviene recordar que el ICAIC justificó la censura del documental alegando que este ofrecía “una pintura parcial de la vida nocturna habanera, que empobrece, desfigura y desvirtúa la actitud que mantiene el pueblo cubano contra los ataques arteros de la contrarrevolución a las órdenes del imperialismo yanqui.” “Parcial”: esta palabra refleja claramente el espíritu del realismo socialista que informa la prohibición y su justificación retórica.

Es cierto que Piñera se muestra en muchos escritos de 1959 y 60 demasiado radicalizado en un sentido comunista. Yo no lo paso por alto, pero me interesaba destacar cómo él siempre estableció la diferencia entre su programa –que era, en alguna medida, el de Lunes– y el populismo que acabaría por imponerse a finales de la década del 60 con el triunfo absoluto de la ortodoxia comunista. “Literatura o muerte” tituló Piñera una de las entregas de su columna en Revolución, evidentemente contra los dogmáticos partidarios del panfleto y del realismo socialista.

Pero es cierto que todos fueron arrastrados por la violencia de los acontecimientos. La inundación así nombró Piñera su interesante crónica sobre el triunfo del 1 de enero sería un cataclismo de tal magnitud que acabó por arrastrarlo a él y hacer cierta, una vez más, aquella frase de Vergniaud que reza que la revolución, como Saturno, devora a sus propios hijos.

Pedro Marqués de Armas

Límites del origenismo no es sólo un estudio crítico del canon de lo cubano en la poesía, ni sólo una deconstrucción del mismo. Es también una sostenida reflexión sobre ese abismo mayor de la historia cubana que se da entre el mito y la poesía como lugares de resistencia utópica, por un lado, y la crítica y el diálogo como elementos postergados cuando no excluidos de nuestra modernidad, por otro.

Como ello implica considerar también los "límites" de Martí, es decir, considerarlos fuera de la órbita de Orígenes, me gustaría que comentaras algo al respecto.

Por otra parte, tu ensayo aparece en momentos en que se plantea volver al mito-Martí. Emilio Ichikawa, por ejemplo, considera en gran medida agotados los proyectos de deconstrucción de esta figura. ¿Qué opinión te merece esto último?

Duanel Díaz Infante

En mi opinión, lo más importante que la percepción origenista de la cultura cubana toma del ideario y la retórica de Martí es la crítica poética del reformismo en un radicalismo patriótico resistente a las instituciones básicas de la modernidad. Rafael Rojas ha señalado en varios ensayos la reticencia martiana al dinero y a la ciudad, y Enrico Mario Santí, contra la reivindicación tradicional del exilio anticastrista, afirma la continuidad entre el discurso martiano y la ideología de la Revolución Cubana. Básicamente me identifico con esta tendencia crítica, aunque entiendo que el caso de Martí es mucho más complicado y ambivalente que el de un Vitier o incluso un Lezama.

Pero Ichikawa no se coloca en el nivel de estos cuestionamientos, sino que banaliza un poco el asunto al presentarlo como una simple moda pasajera. Al margen de lo que efectivamente haya de influjo superficial de las contemporáneas tendencias de la crítica y la teoría literaria en las recientes revisiones de Martí, algunas producidas en el contexto de la academia norteamericana, creo que la crítica tanto de Martí como de la mitología en torno suyo obedece a una profunda necesidad histórica. Es parte orgánica de una revisión del nacionalismo cubano que resulta perentoria mientras exista la Revolución Cubana y lo resultará cuando esta deje de ser un hecho para convertirse del todo en lo que hoy es en parte: un mito.

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Luis Felipe Rojas Rosabal: poemas


En el número tres de la revista 33 y 1 tercio coordinada en La Habana por Raúl Flores Iriarte y Jorge Enrique Lage, se presentaron cinco inéditos de Luis Felipe Rojas Rosabal, coordinador su vez de la revista Bifronte.

Tanto 33 y 1 tercio, Bifronte, Cacharro(s), y The Revolution Evening Post pueden descargarse en Tension Lia.

Los poemas pertenecen al libro: de como alimentar al perro de pelea


flash back

heredia también pedía a gritos una balsa
un jubón de yute para que no se le fueran las palabras
yo necesito un aro de metal necesito de la lumbre y el azogue
antes de irme del país… al sueño
de la isla cotidiana a la isla carcomida en los textos escolares
necesito ver la carroña de mi esencia en una foto

otros piden una balsa de verdad un hueco en la pared
quieren deshacerse del verbo de alhaja confitería a bajo precio
un hueco salidero a la manigua sin afeites
tengo la razón de heredia
el condumio de caricias que lo devolvió a la isla

necesito un aro de metal
para fijar mi cabeza al libro rojo
quiero el libro donde heredia se burlaba de las aguas
donde un hombre solitario no decía basta en el regreso
ni se agarraba al jubón de las palabras

yo no miro atrás
no quiero que la luz me ciegue



una requisa en pleno agosto

me encontraron la punzada caminera la que no hallaban con bombillas láser aparatos importados punto me quitaron el charol de Flandes y colgaron las amarras entre los botes de salida punto bombillas láser para no morder la paz de los vecinos que grito demasiado –dicen– ahora el hacedor de viajes se ocupa de mi casa de mi hijo y dice está bien no lloren más plañideras trepidantes –dice no las quiero punto plañideras no barren a deshoras la displasia no se cura con una bombilla de sesenta wats punto esos van a ser los recalantes los que lleguen y no lleguen punto sus barcazas tienen un cáncer como el mío tienen guardias de bombillas láser que los siguen como a mí punto en un lugar me encontrarán bombillas de sesenta wats punzada caminera ¿enfermo terminal?



la zaga de los perseguidos

estoy en el furgón a chorro san germán-victoria de las tunas
para decirles a los panfilov de arrobadera y comezón
hombres de batallas sicodélicas que lo ayuden a cruzar
a pasar despacio y sin molestias
que ya no tiene patria gonzález prado ni quiere ni desea
sin amo pero sin flores a qué tantas flores para ese entierro
sin patria gonzález pero sin amores desangrado el rostro
ayúdenme a cruzar la carretera larga va a decir
y yo diré (otra vez)
dios mío camarada de los cielos tuyos ayúdalo a subir
con la escalera del enfermo del suicida
del que sabía de la muerte y el pregón este es un tipo panfilov un cancha
si puedes verle la cabeza y no el rostro no lo dejes
a la deriva no se deja a un hombre solo
la furgoneta san germán-a cualquier parte lo acepta
que suba el caballero medieval Vidal sin sangre con nombre de guerrero
Guillermo de los sueños las andanzas los pescados miles
el hombre del pan a pedacito
ayúdame a subir consorte –dice
el que ya no tiene patria más patria
más dominio que este furgón san germán-victoria de las tunas sin victoria sin papeles
ayúdalo dios mío camarada de las sombras
con la escalera grande del ángel del bueno de escobar
ahora que ya no tiene amo ni flores ni la tumba en el desierto
-como quiso y la pidió
sin tumba pero sin ti
en el furgón a chorros


tránsito de una estación a otra


Esperamos las aguas a puerta cerrada. Hicimos cruces bajo la ceniza ardiente del atardecer, antes del anuncio pusimos nuestras cabezas al calor de las almohadas limpias.
Han pasado los desastres casi todos.


Todavía nos preguntan por la fe.



salida vertical


cómo pedirán tu santo y seña ahora que inventaron una aduana
un cortapisa para cada frase sin fraseo sin silabear siquiera
la canción del odio que están por tararear ahí mismo bróder
delante de tu casa
con qué filo lucirán el cortapisa la palabra elegida para herirte
hacer que sangres a destiempo y a deshora
no es lo mismo querrán que sangres que te vayas
y no te pedirán el plagio a lo imposible se lo callan te harán fallar
callar tragar tus embestidas los pocos tardíos inútiles signos de los brazos como aspas
con qué aspas te airearán el rostro el sudor el surco de la herida abierta
esas aduanas no funcionan
sentirte tú el culpable el que lo debe todo el que se va el que no vuelve por que sí porque lo llaman como el perrito el bueno de pavlov que sin saber inventó el gulag el campo
el barreminas el siembraminas al zapador cancino
que no ha de salvar más que a los suyos a los chamas
encargados como suyos
pavlov propuso el hoyo el agujero vertical
la aduana de la conciencia el castigo oscuro que te pide a destiempo
sin razón que desnudes desnúdate despójate del viento de tu aire
o no podrás pasar huir sin cortapisa aspas de los brazos
sin que midas tu agujero a tu cabeza
no podrás salir del agujero
al agujero
-dicen
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Dos relatos de Pedro Antonio Arazo Yero




Nació en Cuba. Reside en Barcelona. Enlace a Barato se liquida




Apuntes para elaborar una teoría acerca de la concatenación universal y el desarrollo.

tony espera la confronta y reprime sus deseos de fumar. Es tarde, hace frío, en la calle hay poca gente. tony mira el Capitolio, piensa en la suerte y en como se conjugan los acontecimientos para hilvanar un destino. Aquel día lo primero que vio al despertar fue un número de página, el 666 impreso en la esquina inferior izquierda de ‘El Gran Libro de lo Oculto (secretos y misterios)’, editorial Salomo, Cartagena, 1927, que había estado revisando la noche anterior.

Una mujer vestida de rojo atraviesa Monte. tony se pregunta qué puede estar haciendo una mujer sola con un vestido tan rojo en un sitio tan oscuro. No tiene cigarros, el último se lo fumó un par de horas antes. Ahora se conforma jugueteando con la caja de fósforos mientras ensaya cortos paseítos por la acera. Nunca ha sido supersticioso pero no puede dejar de repasar entre preocupado y curioso los acontecimientos del día. Es casi risible. No faltó nada. El salero, el gato, el espejo de casa de Irma, lechuzas, números 13, mariposas negras.

En la tienda de la esquina el custodio habla con una mujer que vende maní. La guagua demora, tony impaciente, con ganas de fumar. Las calles están oscuras y sucias. Tostado y salado el maní, dice la mujer de cuando en cuando. El custodio uniforme gris, bastón, planta y pistola. La manisera demasiado joven, pintada, bien vestida, fuera de lugar. Es tarde, hace frío, no hay nadie en la calle.

Un flaco con gafas naranjas pide el último. tony piensa qué tipo de gente usa gafas a las dos de la mañana. «Tostado y salado el maní» Lleva varias semanas trabajando en el guión de un video. Corto. Quince minutos. Será una especie de homenaje al cine de terror. Tienen dos cámaras, luces, audio, actores y donde editar. Empiezan a rodar el 17 de junio. La historia ya está lista pero tony ha seguido revisando un par de libros.

Observa a la de los manís. Tiene las piernas bonitas y buen culo, tostado y salado. Ha aprendido este mes cientos de cosas que no sabe si alguna vez le servirán de algo. Que las brujas luego de salvajes ceremonias se entregan al diablo a cambio de poderes; que satán viene del hebreo, el perseguidor; que demonio del griego, daemon, el que sabe; íncubos, súcubos; que el hombre primitivo vive en un mundo de significados sobrenaturales y busca por todos sitios relaciones entre asuntos dispares; que Dioclediano prohibió la astrología, Constantino los sacrificios fuera de los templos, Claudio a magos y adivinos, y Teocrito toda practica mántica; que ver a un tuerto antes del desayuno presagia daños espantosos; que prender tres fumadores los cigarros con un mismo fósforo significa terribles males para el tercero; que el progreso incesante de las ciencias ha dado al hombre moderno una poderosa arma contra las supersticiosas; que Cagliostro y Alhotas; que Saint Germain y Lothardo; que Schrades y Jamblico.

Piensa que de no haberse sumergido en aquel mundo nunca hubiera advertido los signos de este día. Piensa que quizás fueron coincidencias. Piensa que quizás no.

- El viejo Antonio

- Qué vuelta -responde

Son martín y el negro, andan de descarga, le brindan ron. tony toma un trago corto y siente el calor agradable avanzando en su cuerpo. Se le erizan los brazos, hace una mueca leve. Los otros ríen.

Hablan un par de minutos. tony toma otro trago más largo. Pregunta si llevan cigarros. El negro tiene, reparte a los tres. tony enciende un fósforo. Tapándolo del aire con las manos da fuego a martín, luego al negro, por último prende su cigarro. Tiene entonces la certeza de que algo malo deberá sucederle y sonríe ya nervioso.

- Bueno, seguimos -dice martín a modo de despedida

- No se metan en líos -dice tony

Cuídate, cierra el negro y caminan Monte arriba.

martín siempre ha sido bueno para los números. Hace cuentas en el aire, recuerda raíces, constantes, cumpleaños, números de teléfonos. Cuando tres cuadras más allá pasa el M5, el negro dice se la ganó y vuelve la cabeza pensando en tony, martín mira la chapa HV 5432.

Entran por Indio. En la esquina de Misión una manisera demasiado joven, demasiadas piernas, demasiado bien vestida. «Tostado y salado» El negro le dice algo que martín no oye. Recuerda un problema aritmético, calcular las edades de dos tipos en medio de un trabalenguas de variables. Siguen avanzando. Al doblar Fardales están los policías. martín mira las chapas 53025 y 01943, el negro se fija en que llevan gafas naranjas. Los guardias piden documentos. martín no tiene.

- Contra la pared.

- ¿Qué?

- Las manos en la pared, vamos.

01943 vira a martín, le pone las manos en la pared, y comienza a cachearlo.

- Oye, que no hemos hecho nada.

53025 ojea con indiferencia el carnet del negro antes de guardarlo en un bolsillo de su uniforme, después se pone a hablar por el walkie talkie. El negro lo mira todo intranquilo. 43 esposa a martín, las manos en la espalda.

- Qué pasa guardia -dice moviendo los brazos. Las esposas se hunden en sus muñecas.

- No me llames guardia.

- Coño compadre qué pasa, cómo quieres que te diga.

- No me digas compadre.

- No digas nada -dice el otro.

- martín estos no son policías.

- ¿Cómo?

«Que no son policías coño, que no son policías» El negro parece histérico. 43 trata de aguantarlo pero el negro lo empuja y sale corriendo. «Corre martín, corre» No lo persiguen. Mejor, dice 25, no tenemos tiempo.

- ¿Quiénes son ustedes?

- La ley

- Coño caballero ustedes son policías ¿verdá? yo no he hecho nada, por mi madre que no coño, de verdá mira...

- Cállate

- Voy a gritar, suéltenme coño, voy a gritar

43 saca la makarov, la monta y la enfoca en la cara de martín

- Mejor gritas callado -dice con voz neutra

martín comienza a temblar. Siente frío. Siente que su corazón es un mecanismo loco que ha perdido el freno, lo escucha latiendo en los oídos. Tiene mareos. Su boca está seca. Respira con dificultad pero no habla. Cree que en verdad esto no puede estarle sucediendo, que él es martín mateo, estudiante, chico bueno, que su novia se llama Irma y que de ningún modo cosas como estas pasan en realidad.

Después de un rato llega la patrulla, número de serie 384, Peugeot. 25 abre la puerta de atrás. Entra, dice y empuja a martín al suelo del carro «no te muevas» martín trata de protestar «asere por tu vida...» Otra vez la pistola «no te repito más que te calles» Comienza a llorar «calladito» dice 43 y se sienta poniendo las botas sobre la cara y el estómago de martín.

La patrulla arranca, da varias vueltas y acelera a fondo. martín percibe las curvas, los frenazos leves. Tiene mucho miedo, solloza bajito, esto es una locura, piensa temblando. Revisa qué ha hecho mal, qué puede estar provocando algo así. Una rara venganza, un delito involuntario, yo no he hecho nada coño. La presión de las esposas en las muñecas es insoportable pero no protesta. Siente los baches amortiguados por el mecanismo del carro. Cuando por fin se detienen llega hasta él un olor a mar y el sonido de olas rompiendo.

Los guardias bajan. martín se incorpora y los ve sacar del maletero unas varillas y armar la base piramidal donde acoplan una especie de silla con brazos y sin patas. 25 abre la puerta del carro «vamos» martín se pega a la otra puerta «qué van a hacer, oye esto es una locura, ustedes me están confundiendo con otro, no fui yo coño, no fui yo» Lo sacan halándolo por las piernas «suéltame» patalea «suéltame cojone puta suéltenme» Se resiste. El chofer lo golpea tres veces en el estómago. Lo atan por los tobillos y la cintura en la extraña silla, las manos amarradas a los brazos de hierro.

Las luces del Peugeot no dejan ver a martín lo que los guardias ponen sobre el capó. Miedo. Uno se acerca. La primera patada es en la cara. La cabeza le da un brinco «ay cojone» y siente la sangre en su boca y dolor y un aire frío entrándole por la nariz. Piñazos en el rostro. Patadas en el pecho y las piernas. Náuseas, todo da vueltas. Cierra los ojos. Sin saber bien por qué comienza a contar. Uno, dos, tres, cuatro. Es un refugio, algo en que concentrarse para no pensar que le destrozan la cara, el pecho, las costillas. Grita. Grita de dolor, de terror. 549. Todo nervios. Siente el absurdo de su situación y grita. Alguien tiene que escucharlo, alguien TIENE que estar cerca. Quizás todo esto es un sueño o una película y pronto dirán corten y él, protagonista, bromeará con el director. No parece. 973. Dios, tiene que haber un dios y no puede permitir algo así. 1640. Tiene que haber un dios y tiene que ser bueno y tiene que ayudarlo. Padre nuestro que estás «ya coño ya, ya cojone pinga suéltenme» Vomita. Piensa en su madre y en su hermana, en lo que llorarán cuando se enteren. Siente miedo de morir. Es estúpido morir así. Porqué yo, porqué yo. 3540, 3541. En medio de sollozos se desmaya.

Sueña una voz. Una voz que cuenta sobre fondo negro. 3655, 3656. Sueña un tren. Él y Marta retozando. Un perro lo persigue. Cuenta abejas. 3680, 3681, 3682. Sonríe bucólico. Música de fondo, flauta quizás. martín recostado contra un árbol cuenta los vagones del tren, 3826, 3827. Luego negro, todo negro. Y es la voz sola otra vez contando en off.

Despierta sorprendido con el alivio de quien emerge de una pesadilla, el agua salada que le corre por la cara ardiendo en las heridas lo vuelve a la realidad. Abre los ojos. Las luces lo ciegan otra vez. Un guardia tiene un cubo en la mano, otro un martillo.

«Qué quieren coño, qué quieren que les diga, por qué yo, por qué a mí, me van a matar coño, me van a matar» El martillo le aplasta los dedos. Uno por uno. martín da alaridos. Los guardias son meticulosos. No hablan. Se aplican a su labor con lenta eficiencia mientras los dedos de un martín que grita y solloza revientan sanguinolentos. 6812.

Es el dolor. Sin dejar de contar grita y piensa en el dolor. En dolor. Eso no puede ser lo que siente. Esa no es la palabra. Dolor es suave. 7183. Pain. Esto es pain, tiene que serlo. Pain es punzante, agudo, pesado. Pain, pain. Pain no es dolor. Pain es puño, pain es bota contra la cara. Pain rajando el mundo a navajazos. Pain martillo.

43 coge una pinza y se acerca. Los otros, por detrás de martín, a la fuerza, le sujetan la cabeza y le abren la boca «no por tu madre eso no» martín se resiste, trata de moverse, de apretar las mandíbulas. Con violentos tirones comienzan a sacarle los dientes. Traga la sangre que sale. Siente que se asfixia. Tose. Vomita. Trata de resistirse pero sabe que es inútil y ya sabe que no es un sueño. Piensa que prefiere morir a seguir soportando esto. Pain. Solloza. Grita un poco, sin fuerzas. Todo negro.

Cuando vuelve ya el soplete está encendido. Huele a gasolina. martín intuye que este es el fin y a pesar de estar ronco empieza a gritar con fuerza otra vez «auxilio, auxilio cojone que me matan, me matan» Recuerda una película francesa, Alain Delon quizás, policía bueno contra el tipo de la antorcha. Policía malo se acerca lentamente y ya martín siente el calor y grita Pain. Pain. Pain. Pain punzante, pain dolor en todas las heridas. Pain quemado el cuerpo, la cara, la vida. Trata de esquivar la llama pero el fuego ya se ha metido por su piel. Siente el olor de la carne que se quema. Por qué yo, porqué yo porqué yo. 14322


Abre los ojos sobresaltado preguntándose si está muerto. El sol va saliendo. Se encuentra solo, tirado sobre la arena y la hierba. Sorprendido advierte que no tiene quemaduras. Camisa rota, llena de sangre. Dolor intenso en todo el cuerpo. Nada más. Puede mover los dedos, cada articulación. No faltan dientes. Tiembla aterrorizado mirando a todas partes. No sabe bien qué ha pasado. Ni siquiera tiene idea de dónde está. Necesita volver. De pronto recuerda. Aun tienen el carnet del negro.


En las aguas del mar de Catay.

Amar en la ventana. Doce pisos arriba. Ella de pie, de espaldas a mí, mira quién sabe dónde. Despeinada. La beso. Muerdo su cuello. Estrujo con fruición sus senos, sus caderas. La ciudad allá abajo es reunión de lucecitas. Por suerte es de noche. Durante el día la Habana desde aquí parece un cementerio gigantesco de lápidas grises. Imagino ahora mismo gente que duerme, gente lidiando con el pedazo de vida diario, la mujer que friega su cocina, algún tipo en trance de morir, el policía de guardia. Yo aquí, amando a la flaca. Olvidando que hace un rato discutimos en serio y pensé que todo iría a la mierda. Se frota el clítoris con sus dedos, acaricia mis piernas. Ahora apoya los brazos en la ventana, vira la cara hacia mí, guiña un ojo, sonríe. En cada movimiento empuja mis nalgas contra la litera, ahí reboto y la embisto de nuevo. «¿Te gusta?» No digo nada, me parecen tontas esas preguntas. ¿Te gusta? insiste. Digo que sí. Sí, digo, mucho. De pronto necesito una confirmación «¿Y a ti?» Me encanta, responde, voz ronca. A pesar del aire que corre estoy sudando. Apuro el ritmo. Abajo, a la izquierda está el mar. Negro, sin fin, imponente. Parece que la flaca se vino. Lanzó dos suspiros agudos, dijo algo, no la entendí. Ahora recuesta la cabeza en sus brazos y me obliga a moverme más rápido. La litera rechina con cada vaivén. Es hermoso estar dentro de ella sin el preservativo de costumbre, sentirla vibrar, sentirla cada vez más líquida, sentir que casi nado dentro de ella. Creo que me vengo. Contracciones. Un par de espasmos. Tranco el abdomen. Tiemblo. Bajo un poco el ritmo. No quiero terminar. La flaca grita. Se apresura. Siento que el mundo se mueve a este paso. Estamos a punto de tumbar la litera. Sonrío. El semen corre. Despierto. Sobresaltado toco los calzoncillos. No están mojados. No eyaculé. Me disgusta manchar los calzoncillos como un adolescente. No estaba mal el sueño. Ahora otra vez insomnio. 1:28 dice el digital de grandes números rojos. Es la tercera noche seguida. Sé que no dormiré más por lo menos hasta las seis. Debería levantarme y estudiar pero no tengo ánimos. Acaricio la quimera de quedarme dormido pronto. Sé que no será así. Estoy demasiado despierto. Debería estudiar. La puta prueba. Meses de deambular cuando los otros están en clases, ahora la cuenta. Lo de siempre. El viernes es el examen y no sé nada. Hay quien va todos los días a clases y al final también suspende pero eso no me consuela. Consuelo se llamaba la flaca. Quizás sería mejor decir se llama, está viva, creo. Es raro soñar con ella después de tantos años. Pensaba que ya nadie se llamaba así. Pura Dolores Soledad Consuelo Amparo. Creía haberla olvidado No sé cuánto hace que no la veo. No sé cuanto hace no la pensaba. Ahora la sueño. Buen sexo. Buen sueño. Me levanto de la cama. Voy al baño. Orino. Sentado. Sé que no dormiré. Voy a la sala. Abro la ventana. El aire de la noche es frío. Me gusta. Salgo al portal. Me siento en el muro. No pasan carros a esta hora. tony me contó que alguna vez soñó que estaba muerto. Había un tiroteo, lo hieren y un tipo se le acerca y le dispara a la cabeza. Lo habitual en esos casos es que justo ahí despiertes, incluso hay quien sostiene que si te matan en un sueño mueres. tony siguió soñando. Dice que en su muerte hecha de sueño pensaba. No podía moverse, ni veía, ni oía pero pensaba. Un tipo condenado a esa muerte tendría el sueño como una bendición. Una muerte así sería terrible sin dormir. Sería entonces piadoso que te mataran en serio y caer en el infierno o en la nada. El que muere mientras sueña quizás quede soñando para siempre. Ojalá. Pienso en Roque Dalton. Sería la inmortalidad. Sobre todo si eres bueno soñando. Quizás estoy muerto y todo esto es un sueño de mierda. Esta prueba inútil, el pan, el mar, las calles, los atardeceres, Borges y Sabina, Nogueras y Machado, Carpentier, Hemingway, los números, el tiempo, la Caballería, Bill Gates y Bin Laden. Quizás soy el único hombre y todo terminará conmigo. Quizás soy dios y todo comenzará realmente cuando despierte. De cualquier modo no sé si creerle a tony. Era, creo que está muerto, un fanático de los sueños. La mística, Freud, interpretaciones. Andaba siempre planteando acertijos oníricos. Jugaba con ello. Qué tal si sueño que sueño que sueño que sueño. Qué tal si pierdo el camino y no sé despertar. «No... no... no» el niño otra vez «ya martín, ya, el papa está aquí, calma, cálmate» Lleva tres días ingresado. Fiebre. Incontrolable. No puede dormir. Tiene miedo. Demasiados pinchazos. Análisis. Sueros. No confía. La única forma de que duerma es tenerlo sobre mí. Suerte de su año y medio. Suerte sus 12 kilos de peso. Lo calmo un poco, se adormece. Me siento pegajoso. Toco mi ropa. Tengo el calzoncillo manchado de semen. Debo haber soñado, no recuerdo. Vagamente algo de una prueba. Reminiscencias oníricas de la universidad que dejé hace años. El niño se mueve. Calma, digo. Por suerte el sillón es cómodo, acolchado, reclinable. Ahora no puedo limpiarme. Ya se secará. En la mañana lavaré el calzoncillo. Estoy agotado. Tres noches seguidas de maldormir aquí, con el niño encima, despertando cada hora a ver como va la fiebre, soñando todo el tiempo, casi delirando. Por el día tratar de entretenerlo, jugar con él, hablar con los médicos, intentar que coma. Parece que el cuerpo no va a resistir pero siempre aguanta. Pasa el día, llega la noche y otra vez a lo mismo. Carmen tiene neumonía, no puede quedarse. Fue el domingo. Estábamos comiendo. Ella se sentía enferma. martín comenzaba un catarro pero estaba bien. Jugaba. No advertimos la fiebre. Lo tenía cargado cuando empezaron las convulsiones. Miedo. Enorme. Pensé que se moría. Cuando acabaron los temblores quedó desvanecido pero con conocimiento. Ojos en blanco. No se quejaba. Envuelto en una colcha lo trajimos en taxi al hospital. Hice el viaje rezando. Mi lengua. Su sexo. Sexo húmedo. Sexo blando. Veo en escorzo su pubis rojizo, su abdomen, pechos pequeños, parte de su rostro. Estrujo sus nalgas. Las aprieto. Sí, dice. Se acaricia, apoya sus manos en la pared, mueve las caderas. Yo acostado. Boca arriba. Ella sentada sobre mi lengua. Oscilando, casi levitando sobre mi lengua que se mueve lenta, veloz, voraz, lame, penetra, explora, sin detenerse. La punta de mi lengua en su centro de gravedad, en su centro de masa, en el centro de su vida. Al menos por ahora este parece ser su centro. El punto de donde parte todo su ser. Muerdo a ratos el interior de sus muslos. Febril vuelvo a su bollo. Bollo, coño, concha, conejo. Sigo lamiendo. Se excita más. Dios, dice, dios. Imagino un dios. Un tipo viejo pero musculoso, grande, barba larga, túnica, cetro. Algo así como un Zeus que nos mira severo desde su cielo. La flaca también parece estar en una nube. No pares, dice, no pares... más... más... ay dios. Da la vuelta. Se tira sobre mi pinga. Comienza a masturbarme con violencia. Dando tirones fuertes. Ahora es su boca. Me traga completo. Mi lengua insiste en su sexo. Somos serpientes que se engullen. Mueve lúbrica sus caderas. La boca sigue tragándome. Su boca, sus manos, otra vez su boca. Siempre he cuestionado la esencia del falo. Son ellas las que vencen, relajan nuestra furia. Aplacan. Doblegan. La pinga es un guerrero demente cuyo sino es siempre la derrota. Soy un tren que cae por raíles sin fondo. Cierro los ojos. Me concentro en mi pinga, en su coño. Dejo mi mente en blanco. No hay en mí otra cosa que no sea singar. Otro tirón. El tren se mueve. No puedo dormirme otra vez. Si se me pasa la parada tendré que regresar en bus. Este es el último tren de la noche. Por la ventana, a mi izquierda veo el mar. Negro, sin fin, imponente. Tengo el pene duro. Son la 1:30, tengo unos deseos enormes de dormir. Los ojos me pesan pero no debo cerrarlos. Ya me ha pasado otras veces. Cierro los ojos por dos minutos, confiado en no dormirme, y al abrirlos estoy varias paradas más allá de la mía y tengo que regresar en bus. El bus es lento, da vueltas. Serían al menos dos horas más de viaje, no puedo permitírmelo. Mañana es un día importante. Tengo que levantarme temprano y he de estar despejado. Tengo que llegar a casa pronto, acostarme en mi cama y dormir. Sólo así estaré listo mañana. Cierro los ojos, sólo para descansar la vista. Dos segundos. Los abro. No hay nadie más en el vagón. Recuesto la cabeza al cristal de la ventana. Es fácil dormirse en este tren aséptico con sus vaivenes silenciosos. Cierro otra vez los ojos. Estoy agotado. Me pesan la espalda y las piernas. Cuello y trapecios contraídos. Si estoy atento no tiene porqué pasárseme la parada. Aún con los ojos cerrados. Quedan cuatro estaciones. Puedo contarlas. Mejor contar las sacudidas. Aunque esté un poco dormido las sacudidas del arranque me despiertan. Una parada un arranque, segunda parada segundo arranque, tercera parada tercer arranque. Entonces será levantarme, esperar mi estación, bajar del tren, caminar a casa y por fin la cama. No hay peligro, puedo hacerlo. No tengo porqué dormirme. «ya... ya... ya... papa no». El niño despierta sobresaltado. Se abraza fuerte a mí. Por, dice, por, catalán, miedo, no sé cómo habrá aprendido esa palabra, nunca se la había escuchado. Miedo. Abstracciones en un niño de año y medio. Miedo antes de amor, antes de bien «por» No está caliente. Lo arrullo, lo muevo, se adormece. Lo beso en la cara, por, dice aún, débilmente, lo beso en los ojos «por» en la frente, en la boca. Me siento padre, protector. «Por» entre sueños. Sigo sentado en el portal. En vela. Buscando el sueño perdido. Tarea inútil. Con una pastilla sería suficiente. Tal vez. Nunca me han gustado los somníferos. Temo la adicción. Pasa una chica vestida de blanco. Buenas piernas. Silbo. Le digo algo. No mira. Apura el paso. No es hora de fijarse en desconocidos. Sonrío. Otra sacudida. Es la segunda. Abro los ojos. Nos movemos. Hay alguien más en el vagón. Debe haber entrado en esta estación. Es una muchacha, bonita, viste de blanco. Está frente a mí, algunos asientos más adelante. A la izquierda, flotando en la noche, en el mar, en la arena, veo su reflejo. La busco también en el cristal de la derecha. No la veo pero la intuyo. Ahí debe estar también. Repetida hasta el infinito en un vidrio y en el otro. Miles de chicas, lindas, en blanco. Y ninguna me mira. Me acomodo otra vez. La cabeza contra el cristal. Cierro los ojos pero me mantengo atento. Me sacuden por el brazo, es la enfermera. Rubia, pequeña, joven, pelo corto. Me da el termómetro. Creo que no tiene fiebre, le digo, ella asiente en silencio y se va repartiendo medicamentos. Trato de no despertarlo. Le coloco el termómetro bajo el brazo. Un par de minutos después entra la enfermera «37 2» A veces estoy en algún rincón, acurrucado, alguien me mira con indiferencia, esta chica del vagón por ejemplo «¿Parezco poca cosa? No imaginarías que soy el actor principal, quizás el guionista o el director. Quizás cuando te pierda de vista, dobles la esquina o simplemente cierre los ojos, te esfumarás y no recobrarás tu físico, tu alma, tu tiempo, hasta que necesite un extra y quiera cruzarme otra vez contigo; tal vez nunca. ¿Sabes que a lo mejor no existes? ¿Que tal vez sólo estés en mi mente?» Bajo en la próxima. Debería levantarme, ponerme el abrigo, coger la mochila. Pero no. Descanso un rato más. Ojos cerrados. Aún hay tiempo. Cuando sienta que el tren comience a frenar me levanto. Sacuden mi brazo «¿Si?» «Para tomarle la temperatura al niño» «¿Usted no pasó hace un momento?» «No, es la primera vez» Estoy agotado. Miro el reloj 1:28. No tengo deseos de pensar ni buscar explicaciones. Es rubia la enfermera. Pequeña, joven, lleva el pelo corto. Me deja el termómetro, marcha. Vuelve luego. «37 7, hay que darle el Apiretal, le está subiendo». Siempre recuerdo mi primera noche de pase después de la previa en el ejército. Habían sido cuarenticinco días a todo tren. Infantería, táctica, tiro, preparación física, mierda. Objetivo: convertir en soldados a trescientos adolescentes anárquicos. Aquella noche en la cama de mi casa, sábanas blancas, luego del regreso al barrio, los amigos, el baño, la comida de mamá, soñaba gritos. No era el previsible sueño de guerra o pesadillas con el capitán que te sorprende desertando. Eran sólo sonidos. Nítidos como en la realidad. El ruido de botas marchando a tiempo y gritos. «¿PELOTÓN?» «¡AQUÍ!» «¿PELOTÓN?» «¡AQUÍ!» «PELOTÓN, EN TRES FILAS, A FORMAR» «ESCUADRA, EN UNA FILA, A FORMAR» «FIRMES» «EN SU LUGAR, DESCANSEN» «FIRMES» «PARADA, DESCANSEN» «FIRMES, DE FRENTE, MARCH» «UN» «DOS» «UN» «DOS» «AL... TO» «ROMPAN FILAS» «VENCEREMOS» «PELOTÓN» «AQUÍ» «PELOTÓN» Trae una jeringuilla plástica, pequeña, sin aguja. Adentro el líquido rojo. Acomodo al niño, lo aguanto, trato de despertarlo, suavemente «martín, tienes que tomarte la medicina papo» Comienza a gritar, patalea «por por por» mueve la cabeza, se defiende con violencia. Le tengo aguantados los brazos y las piernas. Me cuesta controlarlo, es fuerte. Debo ser para él un traidor que lo ata para que lo torturen. La enfermera le sujeta la cabeza y mete en su boca la punta plástica de la jeringa. Empuja el émbolo. Le aguanto la cabeza «no escupas, no la escupas coño» Entre los dientes sale un poco de saliva mezclada con medicina. Tapo su boca. Él sigue luchando. Al final traga. Trato de consolarlo «ya papa, es por tu bien, ahora te pondrás mejor» Me siento un traidor. Comienzo a llorar. Me siento infinitamente triste. Me siento a horcajadas sobre ella. Mi pinga entre sus nalgas. Masturbándome con sus nalgas. Mis dos manos apretando sus nalgas. Blancas. Espléndidas. Poderosas. Mi pinga en medio, deslizándose. Danza. Ritual copulatorio. Dejo caer mi cuerpo sobre ella, muerdo su espalda, lamo su espalda, piel blanca. Meto mi lengua en su oreja, siento cabellos en mi boca, los aparto con una mano, la muerdo en el cuello, en la boca, otra vez mi lengua en su oreja. Ella gime, se retuerce, dice cosas en voz baja, palabras que no entiendo. Acaricio sus pechos, los flancos de su cuerpo, sus caderas. Me levanto un poco. Meto mis manos bajo ella. Siento sus pezones duros. Mi pinga y sus nalgas siguen frotándose. Voy hacia atrás. Abro sus piernas. Veo su sexo. Flor de delicias. Lo acaricio. Después va mi lengua, ávida de humedades. Huele a sudor, a orina, a hembra en celo. A sustancias que escupen sus glándulas desde el nacimiento del mundo. Devoro su sexo, tibio, salado. Más pelos en mi boca. Entran mis dedos. Todo es humedad. La masturbo, la chupo. Comienzo a lamer su culo. Ella se mueve rítmica. Recuerdo a Apollinaire. Nunca lo he leído. Lo sé por Kundera, La lentitud, 1995. Entre dos montañas de nácar la puerta de tu grupa, la novena puerta, la puerta suprema. Abre más las piernas. Se empina. Meto mi lengua en su culo. Mi dedo, la punta, una falange, lo saco. Curioso lo huelo, no importa, sigo lamiendo. Meto un dedo completo. Estruja la sábana con sus manos. Se mueve lenta, sensual. Insoportablemente sensual. Todo su cuerpo contorsionándose. Más allá del sexo es un espectáculo estético. Me siento un superhéroe dando placer. Recuerdo algún filme porno de esos de párteme el culo cariño, oh sí, así, clávame, vamos, fóllame, fóllame el culo. Sonrío. Dejo caer saliva en su culo. Entro otro dedo. Recuerdo al proctólogo, un tipo divertido, amigo de lázaro. Nadie sabe su nombre. Todos le llaman el proctólogo. En verdad lo es. Médico. Especialista en enfermedades del recto. Lo recuerdo en El Salto, tomando cerveza, riendo, diciéndole al flaco que en un ano dilatado pueden caber hasta ocho dedos, y reía y mostraba triunfal su mano derecha abierta y tres dedos de la zurda, dedos enormes. Río. Recuerdo, no sé por qué un guiri muy borracho pidiendo en el bar unas olivas y una ración de choricio. Recuerdo una de tony «el matrimonio es como un submarino, puede flotar, pero está hecho para que se hunda». Río a carcajadas. Ella me mira risueña, interrogante. No digo nada, sigo riendo. Ella ríe también. No sé por qué. Ahora tengo un dedo en su culo y dos en su coño. Entrando y saliendo. Y ella es susurros obscenos y ondular, temblores, manos crispadas y la luna y las mareas. Meto mi pinga en su coño. Me tiendo sobre ella. La beso en la cara. Me fascina ver su rostro cuando se excita, entreabre la boca, deja ver los dientes de arriba. Es hermosa. Salgo de su interior. Me masturbo acariciando sus nalgas con ternura. Agarro mi sexo y lo enfoco hacia la novena puerta. Empujo. Entro en su culo. Lentamente.



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Siete preguntas a Ror Wolf

hemos publicado también hoy Relatos de Ror Wolf
La inquietud de las palabras. Siete preguntas a Ror Wolf

José Aníbal Campos / Carlos A. Aguilera

Con relatos irónicos, pequeños, contracanónicos, Ror Wolf (Saalfeld/Thüringen, 1932) ha ido abriendo un horizonte propio en la literatura alemana. Su obra, que se compone de títulos como Fortsetzung des Berichts (1964), Das nächste Spiel ist immer das schwerste (1982), Mehrere Männer (1987), Nachrichten aus der bewohnten Welt (1991), entre otros, ha obtenido más de diez premios en los últimos cuarenta años; siendo el Kasseler de humor grotesco 2004 que concede la Fundación Brückner-Kühner, en Kassel, el último de ellos. Zapatos que bajan una escalera, bocas que hablan, parodias de la enciclopedia, collages, microtextos, son algunos de los obsesiones más visibles en su obra. Obsesiones que para muchos, incluso en la misma Alemania, continúan siendo si no incomprensibles, por lo menos,el síntoma de una verdadera rareza. Obsesiones que devienen, a la vez que “gran ruido”, una especie de placer...


P.: ¿Cuándo y cómo comenzó su relación con la literatura?

R. W.: Esa relación comenzó antes de que supiera leer. Tuve la suerte de crecer en una casa en la que había una biblioteca bastante nutrida. Me gustaba mucho pasar tiempo en esa habitación, con las paredes forradas de libros, donde al principio me deleitaba contemplando los lomos de ellos. Era una sensación de bienestar. Luego comencé a hojear y a mirar las ilustraciones. Y cuando aprendí a leer, leí. Leí mucho, y cada vez disfrutaba más con la lectura. Hasta que a los nueve años decidí que sería poeta.

P.: Algunas de sus historias son como collages en los que tiene lugar una maravillosa y fructífera cópula entre lo cómico y lo fantástico. Leyéndolas, se piensa en algunos grabados de Max Ernst. Además de su labor como escritor, usted también es artista gráfico. ¿Cómo se comportan en su obra estas dos manifestaciones artísticas? ¿Ve usted esta relación como un contrapunto o más bien como un complemento?

R. W.: Como escritor, estoy constantemente en relación con las palabras, con esa inquietud que se genera de ellas. De vez en cuando intento eludir esa suerte de coacción. La realización de collages es un intento en este sentido, de distenderme. La elaboración del material, recortar, pegar, presupone cierta tranquilidad, y a la vez, la genera. Se tratan de jugueteos, pequeños paseos a través de un territorio distinto, algo que me proporciona placer. La verdad es que no me veo como un artista gráfico. No obstante, cuando publico libros en los que aparecen conjuntamente mis textos y mis collages, las imágenes son a la vez contrapunto y complemento.

P.: Usted también ha escrito poemas y collages sobre fútbol. ¿Cómo surge esta necesidad de vincular literatura y fútbol? ¿Podríamos considerar esos “textos futbolísticos” también como “pequeños paseos” por otros territorios de la escritura?

R. W.: Cuando comencé a trabajar con ese tema, en 1966, el fútbol era todavía un material fresco, no usado desde el punto de vista literario. Nunca ha sido un secreto para nadie que me interesa el deporte. Pero lo que me interesaba mostrar, es que uno puede hacer literatura a partir de cualquier tema. La literatura, sobre todo, es para mí (y no sólo para mí) tratamiento del lenguaje. En este caso se trata del lenguaje de los medios de comunicación, de los jugadores, de los espectadores. En distintas épocas probé posibilidades formales distintas: surgieron así baladas, sonetos, estampas y otros poemas, textos en prosa muy disímiles desde el punto de vista formal, diálogos, montajes de citas, collages para radio, hasta llegué a producir una película. En 1982 el caso quedó cerrado. Ya había hecho todo lo que deseaba hacer con ese tema.

P.: Junto a figuras como Paul Celan, Günter Grass y muchos otros escritores, usted formó parte del célebre Grupo 47, eso que Hans Magnus Enzensberger ha calificado en alguna ocasión como el “café central de una literatura sin ciudad sede”. ¿Cómo ve usted en retrospectiva su relación con el grupo? ¿En qué medida se ha alejado entretanto Ror Wolf de los principios iniciales de este intento histórico de fundar una “república de las letras” en el periodo de la posguerra alemana?

R. W.: Me invitaron por primera vez en 1962. Una época en que había dado inicio la penúltima etapa del grupo. Había fuertes confrontaciones, amistades, enemistades, rivalidades, conflictos generacionales: la verdad es que me encontré con circunstancias completamente normales. Jamás me sentí un “miembro en regla”. Y, además, en la época en que comparecí, esos “principios iniciales” de los que ustedes hablan ya eran bastante cuestionables. Los grupos de escritores tienen que estar en condiciones de soportar opiniones distintas, pero a veces se van a pique precisamente por eso.

P.: ¿Cómo se ve Ror Wolf, el autor de una prosa a veces minimalista, dentro de una tradición literaria –como la alemana- donde predominan los grandes “constructos novelísticos”?

R. W.: La escritura, tal como yo la concibo y practico, es una empresa arriesgada, pero también entraña muchos privilegios. Me convertí en escritor para escribir AQUELLO que deseo escribir, no para satisfacer determinadas expectativas o condicionamientos de carácter general. Comencé mi carrera con dos libros bastante abarcadores muy similares a novelas, y actualmente estoy trabajando de nuevo en una. He escrito y producido más de veinte piezas radiales. Los textos breves, sin embargo, no son en ningún modo un subproducto: han ido surgiendo paralelamente desde la década de 1950. Existen distintas posibilidades expresivas, y eso es algo que me satisface. Pero no creo que la tradición literaria de habla alemana sea exclusivamente la de los grandes constructos novelísticos. Existe la prosa de formato pequeño en su mayor grado de perfección. Piensen ustedes en Johann Peter Hebel, Kleist, Kafka, Robert Walser. Yo me siento muy a gusto dentro de esa tradición.

P.: La mayoría de los escritores mantienen una relación conflictiva con la crítica literaria. ¿Acepta usted la crítica como un “mal necesario”, por decirlo de algún modo; como un texto que, cuando es inteligente, gira en torno a la obra principal de un escritor y puede llegar a enriquecerla, cuya interpretación puede arrojar nueva luz sobre la misma; o simplemente ignora a los críticos?

R. W.: En las cuatro décadas que vengo publicando mis libros, ha habido, como es natural, algunos ataques duros y malintencionados que habrían podido terminar sin mayores preámbulos en un duelo, al menos en una pelea pública a puñetazos. Es preciso saber soportar tales derrotas. Ahora bien, lo de ignorar a los críticos es una labor poco menos que imposible. Al fin y al cabo, tampoco ignoro las reacciones positivas, el aplauso, el afecto. Y que conste, no sólo por el hecho de que hace mucho tiempo yo mismo escribía críticas; ahora afirmo: la crítica literaria es necesaria, útil, yo diría incluso que vital para sobrevivir. Sin algunas críticas favorables me habría costado mucho trabajo encontrar a mi público.

P.: En muchas de sus miniaturas en prosa (pensamos concretamente en la serie Hombres varios), encontramos figuras que se mueven allí sin rastro alguno de elementos psicologizantes. Se trata a veces de un par de zapatos que suben una escalera, o de un ojo que observa o de una boca que bosteza. ¿Cómo llegó a esta forma de “deconstrucción” de la realidad? ¿Cuáles fueron los modelos literarios a vencer, si es que hubo alguno?

R. W.: He insinuado algo de esto en mis respuestas anteriores. Mi forma personal de escribir se ha ido desarrollando de forma natural a partir de un largo proceso. No podría decir nada más al respecto. Las estaciones de esa obra pueden verse. Todo está ahí, a mano. Claro que existen muchos modelos literarios. Pero sólo mencionar la lista de mis escritores preferidos llenaría varias páginas. Abrigo la gran esperanza de haber hallado una forma de expresión propia a lo largo del tiempo.

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