L. Santiago Méndez Alpizar /Chago.


L. SANTIAGO MÉNDEZ ALPÍZAR

MIERDA DE SUERTE


Para Marcos Pimienta. Quinto bate.


La calle ardía a unos 40 grados y el aire frío que se escapaba de los establecimientos comerciales era motivo para pequeñas concentraciones de mujeres y guiris llenos de bolsas.


Él, tenía ya un entrenamiento y sabía que lo inevitable es cuando menos: inevitable.

Subió por la calle Carretas y pensó en el pobre tipo de la escultura de la plaza de Jacinto Benavente. Era un barredor fundido en bronce. A su lado una yonki le hacía compañía y trataba de aligerarse el sofoco con un cartón de vino barato.

“De bronce y con éste sol”…pensó mientras dejaba atrás los cines Ideal y se adentraba en Lavapies.


II

Los altos edificios dejaban una sombra amplia y el trajín con las furgonetas cargadas de ropas y de chinos atascaban la calle Mesón de Paredes.

Un taxista novato se quejaba tocando el claxon como un desaforado.

-Si le vuelves a dar lo arranco y lo vendo el domingo en el Rastro-

El taxista novato miró a los ojos del gitano que le interpelaba y le bastó.

No se escuchó más el singao pito.


III

Para cuando llegó a la plaza Cabestrero tenía una sed despiadada. Se pidió dos latas de cerveza en el locutorio de Msamba, cogió 10 euros de “costo” al tipo de siempre, y, se sentó a la gracia de un árbol a “jorobarse un cigarro”.


IV

El calor con un buen porro se pasa mejor. Enfrente, unos chicos marroquíes jugaban al fútbol.

En realidad se entrenaban. Eran unos expertos en agarrar el bolso y sacarle 100 metros en menos de 9 segundos al poli más veloz. Eran expertos en “sobrevivir”.

Un pájaro le dejó caer una cagada en el hombro y pensó en lo de la mierda y la suerte.

Hay cosas que van unidas de por vida. Sólo si se cree en ellas, maquinó.

Pensó entonces en la mierda y en Fidel Castro. Prefirió dejar de pensar en eso y se quedó con su mierda de ave.

Calurosamente cagado y emporrado bebió sus cervezas.


V

Casi a las 8 de la tarde sonó el celular. Habló algo de arreglar papeles y de un trabajo por la izquierda.

Recogió las latas de cervezas vacías y las echó en el cesto de basura.

-Soy un tío cojonudo- Se dijo y atravesó Cabestreros hasta Amparo.

Se hundió en el Metro de la Plaza Lavapies.


VI

Al día siguiente vi su foto en la prensa. Me causó un susto del carajo. Decía que unos tipos se habían enredado a golpes en el andén por no sé bien qué coño y, que lo empujaron justo cuando entraba el tren.


La suerte lo había cagado de verdad. Era mierda de suerte lo que el puto pájaro le había dejado caer en el hombro.


Miré al cielo por la ventana de la cocina y pensé que era mejor no salir de casa.